Y llegó el día grande de Valverde

El murciano gana su primera carrera de tres semanas, la que era la gran asignatura pendiente de su palmarés


Alejandro Valverde (Las Lumbreras, 1980) había ganado mil batallas. Pero nunca había salido vencedor de una gran guerra. Había puesto picas en Flandes, con triunfos en la Flecha Valona y en la Lieja-Bastoña-Lieja. Había subido tres veces al podio del Mundial. Había ganado etapas en el Tour y en laVuelta. Pero se le resistían las carreras de tres semanas. Su clase era como un fogonazo de pólvora. Abrasaba a los rivales en competiciones más cortas. Pero, su munición no alcanzaba para las rondas de 21 días, pruebas de desgaste en las que muchas veces hay que enfriar el arsenal. Hasta ayer. Valverde se impuso en su primera grande, la Vuelta. En cierto sentido, el que ha sido el alumno aventajado del ciclismo español se ha doctorado por fin. Aunque Andre Greipel levantó los brazos en la última jornada, las lágrimas fueron para el líder.

Valverde subió al tercer escalón del podio en su primera Vuelta. En aquel lejano 2003. Paradójicamente, para llegar al primero, Valverde ha tenido que curtirse en el oficio de renunciar a ganar. Un aprendizaje muy doloroso para un ciclista al que llamaban El Imbatido en su etapa de aficionado y que siempre ha saciado su hambre de triunfo. Después su apodo fue Balaverde . De esta Vuelta, el murciano se lleva el jersey oro sin imponerse en ninguna etapa. Ha frenado sus habituales impulsos y ha logrado dominar una tentación que antes resultaba irresistible para él.

En este proceso de maduración, el jefe de filas del Caisse d'Epargne también se ha visto obligado a caminar solo sin perder los nervios. En el ascenso a La Pandera, cuando se descolgó del vagón de los favoritos, miró hacia atrás buscando a Purito Rodríguez, parecía que regresaba el fantasma del Monachil, cuando se desesperó en el descenso buscando compañeros mientras Vinokourov avanzaba hacia el liderato.

En esta Vuelta no llegaron ni el día malo ni los despistes. El año pasado fue víctima de un corte orquestado por sus rivales cuando recogía un chubasquero.

Valverde parece haber limado aquellos defectos propios de un eterno ganador que ha sumado más de sesenta triunfos. Debutó como profesional en el Kelme, en el 2002. Y en el 2005 fichó por el Illes Balears de Echavarri y Unzué. No quedó atrapado en el limbo de la operación Puerto, esa tierra de nadie entre la sanción y la inocencia en la que todavía están otros ciclistas. Pero los rumores de la bolsa 18 del doctor Eufemiano Fuentes lo persiguieron. Tanto, que el Comité Olímpico Italiano aprovechó que el Tour pasaba por su país para usar la sangre de un test antidopaje y cotejarla con el plasma de las sospechas. Después de los análisis, suspendieron a a Valverde en territorio italiano. La sanción dejó al español fuera del último Tour, cuyo recorrido realizaba una incursión en Italia.

El CONI apartó a Valverde de Francia y el ciclista tuvo que convertir la Vuelta, que siempre había sido para él un plato secundario, en el gran objetivo del 2009. Otra vez se quedaba sin la gloria de la grande boucle . Desde la época de Miguel Indurain, los éxitos del equipo Echavarri y Unzué siempre parecen oscurecidos por la alargada sombra del navarro y del Tour, la gran obsesión de la formación. Valverde disputó su primera ronda francesa en el 2005. Y doblegó a Lance Armstrong en Courchevel. El americano quedó impresionado y lo declaró su sucesor. Pero aquel año Valverde se retiró por una lesión de rodilla. Y tampoco acabó el siguiente Tour, que fue para Óscar Pereiro. Todos sus intentos de triunfo en Francia han fracasado.

En esta Vuelta firmó un buen rendimiento en la contrarreloj, aguantando los embates de Cadel Evans y Samuel Sánchez, y resistió en una montaña animada por Ezequiel Mosquera, quinto clasificado, y Robert Gesink. Ha sufrido, como siempre lo ha hecho en las grandes vueltas. Pero esta vez no ha sido en vano.

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