Contra la ansiedad: Leoni. ¿Qué mejor que una balsámica visita a Suiza para aliviar los males blancos? Andaba Cristiano Ronaldo preocupado por su escasa ascendencia sobre el juego de su nuevo equipo y lo solucionó en media hora de paseos por Zúrich. Primero provocó una falta simulando una carga rival y el tiro se le fue a las nubes. Pero el lugar le gustó, así que dos minutos después volvió a inventarse un libre directo en el mismo punto (esta vez tras una entrada en la que el defensa tocó balón). Apuntó a la escuadra y la bola se le fue directa hacia el centro de la portería. Pero ahí estaba Jhony Leoni, manos blandas, para permitir que el astro luso firmara el primero (y después el cuarto) del Real Madrid en una Liga de Campeones marcada en rojo en la agenda blanca.
La final será en el Bernabéu y, para los del Pellegrini, el primer pasito fue en Suiza. Cosas de la democracia, que permite al cuarto clasificado de la liga helvética (la juegan diez) compartir césped con las estrellas reclutadas por Florentino. Un sistema que promete a todos las mismas oportunidades estuvo a punto de permitir incluso la sorpresa del pequeño, que pagó la falta de fe del primer tiempo.
Porque los jugadores del Zúrich ni siquiera abusaron de la permisividad arbitral. Atkinson es de los que llevan al extremo la fama de los colegiados ingleses: vale dar todo tipo de patadas pero ojo con agarrar al rival. Kaka se llevó la primera tarjeta por enganchar a un suizo después de que al brasileño le hubieran rascado a conciencia los tobillos. Sin embargo, a la que los locales vieron que el visitante les dejaba circular el balón sin problema se olvidaron de hacer faltas y se animaron a jugar. Hasta tuvieron un par de ocasiones.
Todo un espejismo. Los madridistas ganaron así espacios a la espalda del rival y Kaka y Cristiano los aprovecharon para llegar en carrera. De ese modo sacó el portugués las dos faltas necesarias para abrir el marcador. Así encontró hueco poco después Higuaín para que Raúl solo tuviera que empujarla y hacer el segundo. Desajustadas las marcas, el Pipita se apuntó el tercero tras un par de regates.
Goles de variada autoría
En una delantera tan superpoblada como la merengue hubo goles para repartir. Milagros del bálsamo suizo, del que todos quisieron aprovecharse. Pepe volvió a sentirse jefe de la zaga, Casillas hizo un par de paradas de cierto mérito... Hasta Drenthe intentó demostrar que tiene sitio en la galaxia. Pero Lurdes está en Francia y el holandés reiteró su exceso de ímpetu y falta de habilidades. Ni en defensa, donde fue superado; ni en ataque, donde trató de enlazar un par de bicicletas de Cristiano con otras dos de fabricación casera, consiguiendo solo desconcertarse a si mismo.
A modo de compensación, el Madrid permitió al ex osasunista Margairaz anotar un penalti, producto de la fantasía arbitral, y al Zúrich crear emoción entre su hinchada con un tanto de córner, obra de Aegerter, que colocaba el 2-3 con 25 minutos por jugarse. Los de Pellegrini demostraron que les sigue faltando quien compense atrás el desmelene ofensivo.
Pero para el miedo blanco también había receta en helvética: más Leoni. Nuevo libre directo lejano a cargo de Cristiano lanzado por todo el medio y antológica cantada de Johny, al que Guti superó también para hacer el quinto, como postre.