Cunego vence en la etapa en la que Valverde supo aguantar y Mosquera volvió a brillar
14 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La vida de un gran deportista, de un ciclista en este caso, da la impresión, cuando se gana siempre, que ha sido fácil, que vencer no cuesta, que es algo natural. Es lo que sucede en muchas ocasiones con Alejandro Valverde. Acostumbrado a levantar los brazos desde que se subió en una bicicleta, Valverde ha mantenido un poderío que le llevó a ser conocido, primero, como el imbatible, y segundo, como uno de esos ciclistas capaces de ganar desde febrero hasta septiembre, en distintas épocas del año.
En La Pandera se ha descubierto una nueva faceta: también sabe sufrir. Es capaz de aguantar los malos momentos sin caer en el infierno del destrozo interior, en esos instantes en los que el cuerpo no responde, la mente se pone en blanco y las piernas se desmiembran.
Hay que saber salir de ese bache: Valverde lo logró en la sierra jienense, en tierra de olivos, en la que llovió, algo que el campo agradecerá. Vencía Damiano Cunego, uno de esos ciclistas que se mueve por rachas: sí su estado de ánimo y su físico coinciden en una especie de carta austral puede con todo. Pero Cunego no está ya en la pelea por la victoria en una clasificación general. Lo suyo es otra cosa. Su compatriota Iván Basso sí que tiene que ganas de reivindicarse, de volver a ser lo que fue.
De momento solo recuerda, en parte, al ciclista que ganó un Giro y fue segundo en un Tour. Lo que no ha perdido es el orgullo, la fuerza mental. Es la única explicación posible al ritmo desquiciado que el equipo Ligas impuso a partir de la zona de los Villares. Kreuziger, Zaugg y el polaco Szmyd buscaron el fallo de Valverde. Basso llegó a poner en problemas a Valverde. Gesink, Mosquera y Cadel Evans estaban con él. Valverde amortiguó su breve desazón en trece segundos. Samuel Sánchez tampoco parecía tener su día. Los que más padecieron fueron quienes más se beneficiarían de la etapa. Basso quiso y no pudo; Gesink quiso y no pudo. Mosquera también quiso, y llegó hasta donde pudo. Evans creyó ver el final de un túnel con un ligero rayo de luz. Todo eso y muchos más vimos en La Pandera, un puerto mentiroso, que engaña. Cuando Ezequiel Mosquera atacaba quedaban dos kilómetros. La Pandera tuvo dos nombres propios: Valverde y Samuel Sánchez. Los dos hicieron un final de libro. Les faltaron kilómetros. Samuel dejó a Valverde, que superó a Basso, a Gesink y a Evans. Sólo se les escapó Mosquera. Más que lo que digan los tiempos, se ha visto a un Valverde depredador, como el de sus primeros años.