Kaká y diez más tumban al Espanyol

DEPORTES

13 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Al Espanyol le faltó Beckham. O un jugador cualquiera capaz de poner un centro decente al área con la pierna derecha. Al Madrid le bastó con Kaká. Así se explica que los pericos estrenaran su estadio con derrota oficial y que los de Pellegrini sigan ganando a un presunto deporte colectivo.

Pochettino, que de defender sabe un rato, tenía claro por dónde había que entrarles a los visitantes. Si el central zurdo es Metzelder y el lateral Marcelo, ese va a ser el flanco débil. Da igual quién juegue en la otra banda. El técnico argentino le regaló la autopista a Nakamura, desplazado desde el centro para aprovechar el toque fino del japonés. Y, pese a su desesperante ritmo pausado, el fichaje estrella de los blanquiazules alcanzó la línea de fondo cada vez que le vino en gana. Desde allí se hinchó a colgar balones a los que no llegó nadie. El Espanyol acumuló posesión frente a la portería rival, pero no fue capaz de crear peligro ni a costa de la fenomenal cantada que se marcó Casillas en un balón muerto.

Al Madrid le pasó al revés. Aferrado al fútbol directo, sin pausa en el medio campo, rondó a Kameni tres veces en 45 minutos y pudo irse al descanso con el encuentro sentenciado. Primero la tuvo Metzelder, que fue capaz de encontrar la forma de mandar la bola alta a un metro de la línea de gol. Después apareció Kaká para bajarle a Marcelo con el pecho un pase picado de Guti. Kameni hizo la parada de la semana.

Y a la tercera, de nuevo fue Kaká el que devolvió perfecto una pared con Granero que, esta vez sí, adelantó a los de Pellegrini. Ayudó bastante que Chica se durmiera al tirar el fuera de juego. El pirata apuntó al cielo para sumar su dedicatoria a la larga serie de actos en recuerdo del fallecido Jarque.

Benzemá, como Anelka

Los visitantes ni siquiera necesitaron de un delantero centro para hacer goles. Por allí estaba Benzemá, pero al francés se le está poniendo una cara de Anelka que mete miedo. Vive con la vista fija en el césped, aislado del resto, empecinado en arrancar antes de tiempo y en jugarse cada balón que le llega.

Justo al contrario que Kaká. Con Cristiano en el banquillo y Arbeloa y Xabi Alonso cumpliendo sin más, el brasileño es el único fichaje que, hasta la fecha, marca diferencias. Tampoco necesitó convertir el segundo para apuntárselo en su cuenta. Se lo regaló a Guti después de un recorte perfecto y centro atrás medido.

Con todo decidido, el mediapunta se fue al banquillo entre aplausos. El carrusel de cambios permitió saltar al campo a Ronaldo, al que persiguen los silbidos lejos del Bernabéu. El portugués, obsesionado con el gol y la filigrana, aún tuvo tiempo de quitarse el mono haciendo el tercero.