«Ha sido sensacional. Definitivamente ha sido mi mejor carrera». No podía ser de otro modo. Hasta el propio Bolt estaba maravillado con lo que acababa de conseguir sobre el tartán azul del Olímpico de Berlín.
Un triunfo tan incontestable como prodigioso pone en duda los límites humanos. Tanto los suyos, como los de cualquier terrestre. Ayer, mientras descartaba considerarse una leyenda llegó a comentar que podría llegar a correr en 9.40 segundos. Y se quedó tan pancho: «¿Yo una leyenda? Me dirijo hacia ello, pero en dos años no lo puedo ser todavía. ¿Mejor velocista de la historia? No lo sé. Son los otros los que tienen que decirlo. Sé que puedo correr en 9.40. Pienso que mis posibilidades llegan hasta ahí y no más».
No obstante, parece difícil que vuelva a repetirse un recorte tan brutal como el conseguido ayer. Si los límites de Bolt para su entrenador rondaban los 9.54 tan solo le quedarían cuatro centésimas de margen, aunque después de la aseveración del protagonista quizás el gurú Mills tenga que comenzar a hacer horas extras.
Estudio matemático
La nueva teoría del plusmarquista mundial se ve amparada por un estudio de John Einmahl, un profesor de matemáticas de la Universidad de Tilburg, Holanda, que calculó en 2006 los límites humanos en las 14 disciplinas del atletismo, basándose en la Teoría del Valor Extremo.
Según Einmahl, 9,29 segundos es el límite. Ya no suena tan a fábula, porque Bolt está a solo 29 centésimas tras devorarse en un año 11 de una tacada.
Tercer récord
Es el tercer récord que consigue el Usain Bolt (Trelawny, Jamaica, 1986) en poco más de un año en la distancia. En concreto en sus ocho primeras carreras el curso pasado lo había batido en dos ocasiones, y ahora, en su primer hectómetro realmente serio de la temporada ha llegado una plusmarca imposible.
Y eso que toda la carrera de Usain Bolt estuvo dirigida a los 200 metros. Fue el primer júnior en bajar de los 20 segundos, además de proclamarse campeón universal de la categoría. Después vivió una pequeña travesía en el desierto que le colocó en la antesala del abandono. De hecho, durante una buena época dejó de entrenar.
Pero un día el viejo Mills le convenció y le lanzó un órdago. Si batía el récord doméstico de los 200 en Jamaica le dejaría probar en los 100. El relampago lo hizo y el resto de la historia llegó por añadidura. Primero se acercó a Asafa, después batió el récord en Nueva York en la primera del 2008 y más tarde llegó la orgía de Pekín.
Lo de ayer fue simplemente grandioso, pero Bolt no se conforma. «El show debe continuar», indicó en pleno éxtasis. Ahora quiere el oro y el récord del mundo en el 200 y en el relevo corto, y después, el próximo año hasta se atreverá con un 400 que tiene entre ceja y ceja. Un mesías que anuncia una nueva dimensión y un nuevo orden en un deporte que estaba huérfano de un icono semejante.