La mayor presentación de la historia

David Valera

DEPORTES

Las largas colas de hinchas alrededor del estadio obligaron a abrir las puertas dos horas antes del acto

07 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«¡Sí, sí, sí, Ronaldo ya está aquí!». Era el cántico que resonaba en Chamartín pasadas las nueve de la noche. Llegó el día D. Cristiano Ronaldo pisó el césped del Santiago Bernabéu por primera vez. Y lo hizo vestido de blanco ante 80.000 enloquecidos seguidores madridistas que no se cansaron de ovacionar cada gesto, cada sonrisa, cada palabra del extremo luso. La locura desatada desbordó a la seguridad del club, que se vio obligada a reprimir con patadas y puñetazos un conato de invasión. Fue el único incidente en una noche de celebración para toda la familia madridista. El jugador más caro de la historia del fútbol (94 millones de euros) volvió a superar todos los registros. Llenó el estadio que será su casa durante seis temporadas y pulverizó la marca de Maradona en su presentación en Nápoles hace 25 años. Al Pelusa le dieron la bienvenida 75.000 tifosi.

Con todos los honores. Sin nada que envidiar a una estrella de Hollywood o de rock. «Algo que quizá nunca se haya hecho», aseguró con razón el presidente Florentino Pérez al referirse al acto de presentación. Estaba preparado hasta el último detalle. En un escenario en el fondo norte, rodeado de las nueve copas de Europa, con las fotos de Di Stefano, Juanito, Zidane y Raúl presidiendo la gala y una pantalla gigante en Concha Espina para que los seguidores que no pudieron acceder al estadio siguieran el evento.

Las colas que desde primera hora de la mañana colapsaban las calles aledañas al estadio obligaron al club a abrir las puertas del recinto dos horas antes. «El Real Madrid recibe hoy a uno de esos elegidos», afirmó un pletórico Florentino. «Un jugador de indudable talento y profesionalidad», añadió. Flanqueado por el presidente de honor, Alfredo Di Stefano, y como invitado de excepción Eusebio, el mejor futbolista portugués de todos los tiempos.

«El estadio solo para mí»

El portugués, de 24 años, salió de la boca del vestuario como si fuera a disputar un partido. «No esperaba el estadio lleno solo para mí», aseguró un aparentemente sorprendido y emocionado Ronaldo. El extremo recorrió los metros que lo separaban del escenario entre vítores y grandes aplausos. Lo hizo con el 9 a la espalda. Un número que han lucido grandes leyendas blancas como Di Stefano o Ronaldo -el brasileño-.

«Voy a ser natural. No he preparado nada», dijo nada más tomar la palabra ante una atronadora ovación. «Estoy feliz por cumplir mi sueño de niño. Jugar en el Real Madrid», sentenció ante un público entregado que interrumpía su discurso una y otra vez coreando su nombre. Ronaldo puso el broche de oro animando al respetable a contar hasta tres para gritar todos juntos: «¡Hala Madrid!».

Después comenzó la sesión de fotos ante cientos de flashes de los casi 500 periodistas acreditados. Y el turno de los regalos.

Empezó a dar toques a un balón, pero demostró que es humano, y se le fue el esférico en el control. Un niño lo recogió y se lo llevó como premio firmado por un cariñoso crac. Acto seguido, estampó su nombre en una camiseta y se la entrego a César, un chavalín elegido entre el público que confesó que su favorito era Kaká. La algarabía en las gradas continuaba. El cántico al unísono de 80.000 gargantas era nítido pidiendo un beso en el escudo. El portugués se hizo de rogar, pero cumplió con los deseos de la afición.

Tras una vuelta al ruedo cual José Tomás en Las Ventas y unos momentos de incertidumbre ante espontáneos que reclamaban una foto, Ronaldo se despidió de sus seguidores. El idilio comenzó bien. El Bernabéu vivió una noche inolvidable, en la que por primera vez, el protagonista no fue un balón.