Quizá para el público, el espectáculo no haya sido muy vistoso en los cuatro primeros sets. Vimos el partido típico de Wimbledon entre dos sacadores natos. A partir de 4-4 del quinto sí hubo verdadero atractivo para toda clase de espectadores. A la final, en ese sentido, le faltó la chispa de un Murray, un reclamo para el público, o un Nadal.
Ahora bien, el partido ofreció aspectos muy destacables. El nivel de servicios de los dos jugadores me pareció impresionante. Después de perder varios enfrentamientos con Nadal, Federer se preparó concienzudamente, sobre todo en el saque. Dejó de hacerlo a medio ritmo. En la final ofreció un recital, en la misma línea del Sampras de las mejores épocas, con facilidad para variar a cualquiera de los dos lados y sacar aces en momentos clave.
El momento cumbre del partido estuvo en la volea que falló Roddick en el tie break del segundo. ¿Por qué la falla? Por su falta de soltura en las voleas. Igual que hay ciclos para todo, ahora los jugadores apenas van a la red y no tienen esos golpes. En un jugador como Roddick, con ese servicio -ayer también impresionante por potencia y colocación-, esa carencia llama más la atención saque que tiene. Si se llega a poner con 2-0, el partido habría sido otro. Después, tuvo el mérito de mantenerse con vida hasta el final. Ha hecho un trabajo espectacular con Stefanski, para ser regular y no solo un sacador. Perdió su tercera final y su historia recuerda a la de Rosewall, que perdió cuatro finales. Una pena en un deportista como él.
En una final como la de ayer también destaca la mentalidad de los dos. Tras cinco sets, mantenían el servicio por encima de los 200 kilómetros por hora, con una fiabilidad impresionante. En España no valora como se debería el servicio; nos parece secundario. Tanto el saque como la volea deben trabajarse más desde la base.
Wimbledon deja otro detalle positivo, la recuperación de jugadores que parecían en declive como Roddick, Hewitt y Ferrero, o la confirmación de Murray. Todo añade otra dimensión a los próximos torneos.