Button, el clon de Beckham

José Carlos J. Carabias

DEPORTES

Estaba al borde del paro y ahora cobra 11 millones en publicidad, navega en su yate y ha convertido a su padre en una celebridad.

05 jun 2009 . Actualizado a las 21:52 h.

El año pasado, al terminar la carrera de Mónaco, los responsables de prensa de Honda casi tuvieron que suspender la comparecencia dominical de Jenson Button porque no había interlocutores. No suscitaba curiosidad la calamidad que era el ex equipo japonés. Doce meses después, Button apenas concede entrevistas personalizadas porque las peticiones han desbordado el correo electrónico de Brawn GP. Es el líder del Mundial, la sal de todas las fiestas y el icono que ha desbancado a Lewis Hamilton como percha de la publicidad. El clon de David Beckham en Inglaterra.

«Siento si la Fórmula 1 se está volviendo aburrida. Yo sólo hago mi trabajo lo mejor que puedo», se disculpó este viernes Button por ganar. Cinco victorias de seis posibles y un tercer puesto en China. Aplastante. «Será campeón en agosto, seguro», se escucha por el paddock. Campeón por anticipado, como Michael Schumacher en 2003, cuando levantó el pulgar en julio.

Hombre cauto y afable, Button ha establecido un voto de silencio familiar. En su entorno se ha prohibido pronunciar las dos palabras mágicas: campeón mundial. Y aunque en la temporada en curso no hay otro candidato, el inglés lleva el pacto a rajatabla con su entorno. Un planeta muy cerrado: su padre, John, un ex encargado de un lavadero de coches que ya firma autógrafos por doquier y ha desplazado en popularidad a papá Hamilton (Anthony), su madre Simone, que aparece de cuando en cuando por las carreras, su novia Jessica Michibata, modelo de origen japonés, y su hombre de confianza, Richard Goddard, el que negocia sus contratos.

Button, sin embargo, no tiene representante como tal. Un rara avis en la Fórmula 1 que ha vivido en el sobresalto del trasvase del desaparecido Honda al pujante Brawn. Estaba entrenándose en Lanzarote durante el invierno (practica el triatlón y correrá el Mazda Londres en agosto) y cuando regresó a Inglaterra, se encontró con que no tenía coche ni equipo para seguir en la F-1.

«Yo pensaba, tuve dos años malos, pero soy un buen piloto de carreras -recuerda ahora-. Si estoy un año fuera, se olvidarán de mí». Llegaron Ross Brawn y Ecclestone para salvar a la escudería y poner en órbita el coche volador. Y Button recuperó su trabajo. Eso sí, con recorte. Perdió seis millones por quedarse en la F-1 y ahora cobrará 27 en los próximos tres años. Tiene que pagar de su bolsillo a un publicista, a un fisioterapeuta y a todos los familiares que se desplazan con él a las carreras.

A cambio, el liderato del Mundial le ha reportado jugosos dividendos. Su porte lustroso, fotogenia e indudable encanto para el público femenino le han convertido en un icono en el mundo anglófilo en apenas tres meses. La prensa británica calcula que sus ingresos estimados por contratos publicitarios sobrepasarán los 11 millones de aquí al final del Mundial. Hamilton, el propietario de las portadas y el magnetismo como hombre-anuncio, se tiene que dedicar ahora a su descubierta pasión por el golf.