El Barça pasó del marisco a las copas a puerta cerrada

DEPORTES

Entre las zamburiñas, centollas y percebes a las copas pasaron poco más de un par de horas. La plantilla casi al completo del Barcelona (faltaban Messi, Alves y Milito) se bajó del autobús a las 23.45 frente al restaurante Coral y a las dos de la madrugada un grupo de irreductibles aficionados aún esperaban a los rezagados del equipo que demoraban su salida del restaurante. El resto ya había emprendido, vía taxi, el viaje hacia un céntrico local del copas que habían cerrado al público, previas gestiones de Piqué, Jorquera y Pepe Costa (encargado del departamento de relación con el jugador del club).

Los festejos por el triplete discurrieron pues a puerta cerrada. En la céntrica marisquería coruñesa fue la policía nacional la que estableció un infranqueable cordón para garantizar el acceso de los jugadores, que apenas firmaron unos pocos autógrafos a sus fans. Los aficionados no fueron más porque el club intentó mantener en secreto los datos de la celebración. Durante la cena, un vigilante jurado permaneció en todo momento junto a la puerta.

Keita fue el último de la plantilla en entrar al local y el primero en abandonarlo, junto al grupo de africanos y a Sylvinho, que prefirieron no sumarse al resto en las copas. Eran los únicos que llevaban ropa deportiva, mientras el resto acudieron a la cena arreglados para la fiesta de después (medios catalanes aseguran que discurrió en el Twenty Century).

Algunos prolongaron el festejo durante casi toda la noche y regresaron al Meliá María Pita bien entrada la madrugada y con apenas tiempo para una siesta antes de tomar el avión a Barcelona, donde Piqué y Bojan se acercaron a ver al Barça ganar al Unicaja en las semifinales de la liga ACB.