Otro giro de la ruleta de Montecarlo

DEPORTES

23 may 2009 . Actualizado a las 13:30 h.

La ruleta de Montecarlo gira de nuevo. El Gran Premio de Mónaco regresa con todos esos ingredientes que lo convierten en una cita única en el calendario del Mundial, en la carrera odiada y amada por los pilotos. La sesión de calificación abre la lucha por la victoria más deseada.

1

Poco margen de error.

Una de las imágenes típicas del circuito de Montecarlo es la de los monoplazas limpiando el óxido de los guardarraíles. Los pilotos y coches sufren la estrechez de las calles y las irregularidades del asfalto. Los baches provocan que la altura de los monoplazas suba hasta 7 milímetros. Apenas hay escapatoria. Mónaco exige máxima concentración. Es una excepción en el campeonato. En este caso, la seguridad se sacrifica por la tradición. Los abandonos forman parte del orden del día y el safety car es habitual en la prueba, con todo lo que ello conlleva en cuanto a parones en la carrera y replanteamientos de estrategia.

2

La «pole», decisiva.

En ningún otro escenario del campeonato la pole position vale tanto como en la parrilla monegasca. La posición de salida es determinante, porque un adelantamiento en este trazado es toda una hazaña. Las opciones para superar a un rival prácticamente se limitan a las paradas en boxes, justo a la salida del famoso túnel y después de la Nouvelle Chicane. La batalla de la sesión de calificación ( 14.00 horas, La Sexta ) será clave.

3

Los signos distintivos.

El circuito tiene sus particulares símbolos, que serían eliminados en cualquier otro trazado en aras de la seguridad. Los pilotos tienen que atravesar el célebre túnel situado después de Mirabeau y Portier, todo un ejercicio para las pupilas, que tienen que adaptarse a la luz interior y luego recibir el fogonazo del exterior. En ese viaje de la luz hacia la oscuridad y viceversa, los pilotos afrontan la curva más rápida del trazado, en la que alcanzan una velocidad de 280 kilómetros por hora. Allí fue donde Fernando Alonso sufrió un accidente en el 2004 cuando intentaba adelantar a Ralf Schumacher. La Rascasse era otro de los signos de identidad, pero esta mítica curva que bordeaba el restaurante que le da nombre fue variada por razones de seguridad. La horquilla del Gran Hotel también alimenta la leyenda. En conjunto, las curvas de Mónaco son una auténtica tortura para la caja de cambios de los monoplazas.

4

El gran premio más codiciado.

Un triunfo en Mónaco brilla más que otras victorias en el palmarés. Sabe a historia de la fórmula 1. Cuatro de los pilotos que participan en este Mundial han reinado en Mónaco: Fernando Alonso, Jarno Trulli, Kimi Raikkonen y Lewis Hamilton. El asturiano conquistó en dos ocasiones este gran premio. Ayrton Senna ganó seis veces y Graham Hill y Michael Schumacher, cinco. El siguiente en la lista es Alain Prost. Ninguno de ellos subió a lo más alto del podio. No hay cajón, porque el protocolo impide que nadie esté situado en una posición más alta que la familia Grimaldi.

5

La estampa del glamur.

La fórmula 1, un deporte de velocidad y excesos, encuentra en Mónaco un escaparate de glamur y lujo, con el público más cerca de los coches que en cualquier otra cita del campeonato. Monoplazas que aceleran al lado de relucientes yates. Terrazas exclusivas situadas al lado del trazado, fiestas de millonarios, famosos de distinto pelaje invitados por los patrocinadores de los equipos y la competición... Montecarlo es a la F-1 lo que Cannes al cine. Una hoguera incandescente y luminosa de vanidades. Aunque este año la crisis también asome por allí y el puerto no luzca como en otras temporadas, el aura especial del gran premio todavía se mantiene.