Llorente boicotea el alirón culé

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Puestos a celebrar una fiesta en casa, el Barça no podía haber encontrado una pareja más guapa para invitar al baile. El Villarreal tenía toda la pinta de haberse presentado en el Camp Nou con ganas de dejarse hacer en favor del espectáculo. En eso estaba el anfitrión hasta que, a falta de quince minutos para el cierre, tropezó y echó a perder el festejo.

Los malos modos de Abidal y la persistencia de Llorente retrasaron ayer un alirón que empezó a cantarse en el descanso, cuando los de casa habían exhibido todas esas virtudes que los han llevado a dominar con suficiencia el torneo doméstico y a disputar la final del continental. El partido acabó convirtiéndose en una radiografía de los de Guardiola, con su pila de virtudes y sus pequeños defectos que al final les costaron dos puntos.

El llamado a ser festival por el título lo abrió un telonero. Keita, desafortunadísimo el miércoles en Stamford Bridge, reclamó su redención con un tanto de fortuna. Con el Barcelona volcado desde el arranque frente a Diego López, Eto'o y Xavi habían fallado ya un par de ocasiones claras. La tercera fue del centrocampista maliense, que arrancó con fuerza y lanzó en la frontal. El balón tocó en Gonzalo para despistar al portero lucense y colarse en la red. Iban once minutos y pasaron otros tantos hasta que el Villarreal olió a Valdés.

No pudo hacerlo con mayor suerte porque Llorente embocó dentro tras un balón perdido por Touré. Poco después, los visitantes estuvieron a punto de doblar su cuenta, pero el arquero local exhibió reflejos y fuerza en su mano derecha sacando abajo un cabezazo de Rossi. El portero desató un nuevo arreón de los suyos, con otro recital de toques y posesión. Los de amarillo, huérfanos de Senna, no encontraron modo de frenar el despliegue culé. Solo los errores de Eto'o en punta (tan ambicioso como desacertado en el último tramo liguero) retrasaban el segundo del Barça.

El camerunés no tuvo más remedio que hacer gol en su enésima oportunidad, servida por Iniesta, que inventó una nueva modalidad de regate que añadir a su inagotable repertorio. Rebañó desde el suelo un balón que se perdía por el fondo, desequilibrando así a su marcador y se levantó de inmediato para asistir a su compañero, que solo necesitó empujarla. Gol de Eto'o y la grada aclamando a Iniesta.

Poco tardó Alves en escuchar también su nombre en boca del público. Como Xavi había fallado poco antes un lanzamiento de falta desde la derecha, el lateral reclamó tirar una desde la izquierda. Estaba tan cerca del área que todo invitaba a pensar en un nuevo libre directo con destino en la grada, como viene siendo habitual en los que ejecuta el brasileño. Pero el balón salvó la barrera y acabó en la red. La primera parte se cerró con el tanto.

Tanto anulado a Xavi

La segunda arrancó con el cuarto para los de casa, pero el juez de línea se lo anuló a Xavi por un fuera de juego que nunca existió. Ahí empezó a escucharse el «campeones, campeones» y la afición se arrancó con la ola. El Villarreal solo esperaba ya el momento en el que el Barça se decidiera a completar la goleada.

Nadie en el césped ni entre el público esperaba un desenlace como el que depararon los últimos quince minutos. Una contra de los visitantes acababa con un balón al hueco para Nihat. Abidal, que llegaba emparejado con el turco le metió el cuerpo derribándole y el árbitro decretó el penalti y la expulsión del defensa. Mati ejecutó a la perfección y acalló los cánticos triunfales del graderío.

Guardiola trató de tapar el boquete retirando a Eto'o, Messi y Xavi para acumular centrocampistas de contención. Pero los bregadores no alcanzaron para resistir los últimos diez minutos. El Barça perdió el balón y el Villarreal enseñó las uñas. Con el tiempo cumplido, Llorente se revolvió en el área para hacer el empate y aplazar la fiesta.