Al tío y entrenador del número 1 del mundo, el juego de su sobrino le evoca, salvando distancias, «el empuje de Connors y la seguridad de Borg»
11 may 2009 . Actualizado a las 18:48 h.Desde siempre, Toni Nadal (Manacor, 1961) guía el tenis de su sobrino, ahora número uno del mundo. Mantienen una relación atípica en el deporte profesional. Su influencia va más allá del juego de Rafa Nadal, al que ha educado como un deportista modélico.
-Le molesta que se diga que Rafa puede completar el Grand Slam en este 2009.
-Es una quimera en la que no procede ahora ni pensar. Yo me muevo por la lógica. Si estuviéramos en julio y Rafael hubiera ganado Australia, Roland Garros y Wimbledon, me parecería lógico, pero si de cuatro has ganado uno, no me parece procedente. Federer, uno de los mejores de la historia si no el mejor, no lo hizo. El último en hacerlo fue Rod Laver en 1969, sin tanta igualdad. Hoy parece difícil ganar los cuatro grandes en un año. Ni Rafael ni yo pensamos en eso.
-Si el deporte es técnica, físico, cabeza y táctica, ¿es la parte mental la que hace tan diferente a Nadal?
-Es cierto el planteamiento, y que quizá su capacidad mental sea lo que más destaque. Pero con solo un detalle, es difícil triunfar. Rafael tiene una buena cabeza, y eso incluye una buena táctica, y también incluye preocuparse por tener la técnica y el físico. Es un jugador completo, sin tener una gran técnica.
-Usted siempre elogia la humildad en la vida, otra clave.
-Mucha gente que no es humilde o que no se esfuerza al máximo, también triunfa. Esos valores por sí mismos no te hacen destacar. Todos los grandes deportistas reúnen condiciones naturales muy buenas. Pero lo principal en la vida es el esfuerzo y yo he querido siempre que Rafael lo supiera. Lo que tiene valor no es lo que la naturaleza te dio, sino mejorarlo.
-Con tanto éxito, ¿cómo mantiene esa disciplina?
-Te formas cuando eres pequeño. Si tienes una buena base, sabes que esto tiene una fecha de caducidad. Por pasar una pelota encima de la red no te puedes creer especial. Es como si el mejor del mundo al escondite se cree que es un fenómeno (ríe). Rafael lo tiene muy asumido.
-¿Aún le ve lejos de Federer, Borg, Sampras y Laver, o de McEnroe, Connors y Lendl?
-No es comparable aún. Me baso en datos. Borg ganó once grandes con porcentajes de victorias muy altos. Sampras tiene 14, Federer 13 y fue el mejor del mundo durante cuatro años. Rafael tiene seis. Perfecto. Pero están lejos de los mejores. Al acabar contaremos. En la historia del tenis, está en un tercer nivel.
-Más comparaciones. ¿Su tenis, a quién le recuerda entre los grandes?
-A distancia, estaría entre el empuje de Connors y la seguridad de Borg, que era un poco más frío.
-Ganar no cansa, pero Borg, cuya precocidad roza Nadal, se retiró joven. ¿Teme que su sobrino se queme pronto?
-Me preocupa relativamente. Yo sé que hay una fecha de caducidad, pero no sé cuando llegará. Es normal que si empiezas muy pronto, acabes antes. Hay gente que coge su nivel a los 22 y a los 28 va bajando. Rafael cogió su nivel a los 18 y no sería descabellado pensar que a los 23 o 24 bajase. Ya veremos.
-Muchos de los mejores tenistas han cambiado de entrenadores. Su caso es inusual, tanto tiempo juntos.
-Bueno, soy su tío, soy un entrenador barato y le va bien (ríe). Siempre le hice saber que él era responsable de que las cosas fueran bien o mal. No me gusta la gente que busca los errores en los demás. No lo digo por otros. Él tiene el mismo equipo de siempre. Si van bien las cosas, no parece lógico cambiar.