El Getafe consiguió una victoria balsámica ante Osasuna, con la que coge aire en su lucha por no descender a Segunda División, y que sirve a los madrileños para pasar el testigo de los problemas al conjunto navarro, nuevo dueño de la frontera de la salvación.
Ambos equipos son un reflejo del fútbol que desarrollaron sus entrenadores en su época de futbolistas. El Osasuna llegó al Coliseum con el fútbol de casta y de empuje. El Getafe, tiene en Míchel a uno de los uno máximos exponentes de la Quinta del Buitre, cuya identidad era el toque y el buen gusto.
Pero todo vale a estas alturas de la competición. Cualquier sistema puede funcionar en dos equipos con el descenso azotando el cogote durante casi toda la temporada. Los nervios no permiten asimilar tácticas que deben aprenderse de memoria en los meses de verano.
Por eso, ambos equipos comenzaron el partido muy desatinados. El Getafe, abusando del balón y Osasuna, del patadón. Los navarros, además, intentaban parar el reloj. Un empate, parecía gustar a los rojillos.
Fue Muñiz Fernández quien tuvo que animar el choque. El colegiado asturiano señaló un penalti dudoso cometido sobre Mario Álvarez, que fue agarrado por Miguel Flaño en un saque de falta. El jugador de Osasuna no mereció la expulsión. La pena máxima, como mínimo, era discutible. Esteban Granero agarró la pelota, se olvidó de Antolin Panenka y marcó el primer tanto de la tarde.