Liderado por un Cristiano Ronaldo superlativo, cuya actuación en el Emirates eleva todavía más su caché ante el posible fichaje por el Real Madrid que diseña, todavía en la sombra, Florentino Pérez, el experto y contundente Manchester United convirtió al joven e inocente Arsenal en un bebé indefenso. Le pasó por encima en todos los terrenos y se metió en su segunda final consecutiva de la Liga de Campeones. Tuvo la inmensa fortuna de adelantarse pronto, a causa de un inoportuno resbalón que jamás olvidará el emergente lateral Gibbs, pero gobernó el duelo a su antojo. Tanto que pudo administrar esfuerzos pensando ya en el final de Liga y la gran cita del 27 de mayo en Roma, donde se medirá a Barcelona o Chelsea. Tal fue la superioridad visitante que hasta Cesc Fábregas pareció un jugador menor, del montón.
Campo abarrotado, dos rivales centenarios frente a frente, un marcador exiguo en la ida y un Arsenal que presumía de acumular nada menos que 21 partidos sin perder en la Premier y cerca de cinco años sin caer como local en la Champions. Todos los detalles previos presagiaban intensidad, emoción, agonía en el Emirates. Lo típico en la vuelta de semifinales, vaya. Pero las enormes expectativas, al menos de los aficionados imparciales o de los hinchas gunners, se hicieron añicos en apenas ocho minutos.
Una jugada bien trenzada por el United pero tonta. Anderson envía en profundidad a Ronaldo, el portugués mete un balón raso en el área sin excesivo peligro ,pero resulta que el joven Gibbs cae y el coreano Park, también perdiendo el equilibrio, supera la salida de Almunia. Trataban de reponerse los londinenses de semejante golpetazo cuando llegó un golpe franco lejano y un empeinazo de Ronaldo.
Solo un milagro, cuatro goles, meterían en la final al Arsenal, que había comenzado bien, buscando el toque y las rupturas, pero esos goles lo noquearon. Jamás volvió en sí. Fue una caricatura. Con marcajes casi al hombre, los de Old Trafford anularon por completo a Cesc, Walcott y Van Persie. Y en consecuencia a Adebayor, que no recibió un balón en condiciones.
Más de lo mismo en la reanudación. El Arsenal trató de adelantar líneas, y el Manchester se manejó como pez en el agua. Almunia, que ya había salvado un par de goles en el primer acto, se lució a tiro de Ronaldo pero no pudo evitar la puntilla poco después. Una enorme contra que definió el portugués tras recorrerse más de medio campo y recibir una asistencia enorme de Rooney. A partir de ahí, Ferguson reservó a sus jugadores amenazados de suspensión pero mantuvo al luso, el hombre del día. No podía imaginar entonces que Fletcher se perdería la gran cita de Roma por un dudoso penalti sobre Cesc que le costó la roja.