El Manchester lo deja para después

Colpisa

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¡Viva San Fermín! El pamplonés Manuel Almunia reapareció como un gigante y salvó a un flojo y asustadizo Arsenal de ser noqueado en el Teatro de los Sueños y dejar en un mero trámite el choque de vuelta. Solo su carrusel de intervenciones en la primera parte frenó a un Manchester United que mereció más pero solo venció por la mínima (1-0).

El campeón se dejó llevar en la reanudación y seguramente tendrá que sufrir en Londres para acceder a su segunda final consecutiva de la máxima competición continental. Es de suponer que ante su hinchada los jóvenes gunners meterán más miedo.

Hubo fútbol británico, esa forma de jugar a toda velocidad, sin protestas, sin parones, sin teatro, sin ese deseo irrefrenable de engañar al árbitro que tanto se ve por otros campos. Tras 115 años de vieja rivalidad y más de 200 choques entre ambos, diablos rojos y cañoneros dirimían su primer duelo europeo y encima en semifinales de la Champions.

Como además Ferguson y Wenger afrontan cada partido como una batalla de egos, había sobrados argumentos para la tensión, para el pique, para los roces, para la bronca. Pero ni por esas. Una bendición para el colegiado sueco Bo Larsen.

El Manchester United manejó son solvencia la situación en una primera mitad unidireccional. Sus figuras entraron cuando y como quisieron, pero jamás los londinenses decidieron frenarlas a base de faltas. Fueron tan honrados que hasta parecieron blanditos, ingenuos. Los locales salieron con mucho más ímpetu. Rápidos, profundos, vertiginosos, con un manual de combinaciones al primer toque similares al del mejor Barça, cercaron desde el primer minuto el área de un Almunia soberbio. Tévez y Ronaldo eran amenazas constantes y el centro del campo del United se imponía de cabo a rabo.

Con Walcott perdido y Cesc poco participativo, el Arsenal fue una caricatura en ese período. Van der Saar apenas tuvo que intervenir para atajar, sin dificultades, un tiro raso y lejano del catalán.

Ayudado por un Manchester que se echó deliberadamente atrás para intentar golpear al contragolpe y, sobre todo, no encajar gol alguno, el Arsenal por fin vio el balón en la segunda mitad.

Creció, tocó más, pero no terminó de encontrar al espigado Adebayor, al final sustituido. Su fútbol resultó intrascendente. Ya en jugadas aisladas, sin la continuidad del período inicial, el peligro siempre llegó desde el bando local. Un disparo de Cristiano Ronaldo, que estrelló el balón en el larguero, y un centro de Giggs, que desvió in extremis Silvestre, pudieron firmar la sentencia. El veredicto se conocerá en el Emirates.

Mención especial merece Almunia. Tras un mes de inactividad por una lesión de tobillo sufrida ante el Villarreal, salvó un cabezazo de Rooney, otro de Ronaldo, un remate a bocajarro de Tévez y una mala cesión del joven Gibbs.