La pegada culé no tumba el muro inglés

DEPORTES

La lesión de Márquez y la amonestación a Puyol dejan a Guardiola sin apenas recursos en la zaga para la vuelta

29 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Profetizó Hiddink que su Chelsea no haría la del Bayern en el Camp Nou. Y de alguien que se levanta cinco millones de euros en menos de seis meses (pagan a medias el club y la selección rusa) solo cabía esperar un acierto en la quiniela. De primeras, los de Londres calcaron el esquema de los muniqueses; pero donde aquellos recularon víctimas del miedo, el rival de ayer se agazapó para explotar sus virtudes.

No hay madres en la defensa del Chelsea y, puestos a elegir un único punta, un día malo de Drogba vale por el mejor de Toni. Lo demostró el marfileño al borde del descanso, cuando aprovechó un terrible error en la cesión de Márquez para plantarse solo ante Valdés. El portero había visto el fútbol de lejos hasta entonces, pero no acusó la inactividad. El delantero la rompió directa al pecho del guardameta, que estuvo rápido recuperando la verticalidad para tapar el segundo intento. La acabó limpiando Piqué, autor de un partido soberbio.

Hasta ahí, minuto 40, todo lo había hecho el Barça. Con un 70% de posesión arrinconó al rival, que acumulaba hasta nueve jugadores frente a su área. Sin embargo, salvo un temprano cabezazo de Eto'o las ocasiones se limitaban a tiros lejanos, fáciles para Cech. Iniesta era el único con relativa libertad para producir juego, porque los otros dos referentes culés fueron sometidos a intensivos marcajes individuales. Disimulado uno (el de Obi Mikel a Xavi) y escandaloso el otro: Bosingwa abandonó el lateral derecho para perseguir a Messi por todo el campo. Guardiola ordenó a la Pulga cambiar de posición, pero eso no hizo desaparecer al portugués.

El alemán Stark y su arbitraje a la europea dieron barra libre al Chelsea para marcar su territorio. Hasta tres veces avisó el colegiado antes de mostrar la primera tarjeta. Al descanso llevaban dos los locales y una los visitantes: a Touré por protestar. Stark es de los que prefieren una patada al tobillo a que alguien suba el volumen.

Plaga de lesiones

La segunda parte no trajo baile de nombres, aunque sí cambios en el juego. No hizo falta que Hiddink y Guardiola alteraran su ideario: entre el minuto 49 y el 53 Henry, Márquez y Alves abandonaron el campo por distintos motivos. Regresó el francés, conmocionado, y también el brasileño, tan exagerado como siempre, pero el mexicano salió en camilla con graves problemas en su menisco. Puyol ocupó su sitio en un cambio obligado que pasará factura, pues el capitán vio una amarilla que le impedirá jugar la vuelta.

La plaga de percances achantó al Barça y empujó al Chelsea fuera de su cueva. Curiosamente, los beneficiados fueron los locales que encontraron metros vacíos donde antes habían peleado cada centímetro. El primer beneficiado fue Eto'o, que cazó un balón a la contra y se lanzó a la carrera con Alex como compañero de viaje. El defensa, amonestado, no se arriesgó a hacer falta, y el camerunés lo tumbó con un quiebro ya frente a Cech. El disparo al palo corto lo sacó el guardameta por un pelo.

El delantero no dio más porque Guardiola lo reemplazó por Bojan. Extraña decisión teniendo en cuenta que Henry, muy fino en la primera parte, apenas había rascado bola desde que le atizaron en la cabeza en un salto. El francés acabó también relevado, este por Hleb, y los dos nuevos sobre el césped tuvieron sus grandes ocasiones para hacerse con medio billete a la final de Roma.

Del canterano fue la primera, en el minuto 91, tras un soberbio centro al área de Alves al que llegó completamente solo. Su entrenador despidió con las manos en la cabeza el remate por encima del larguero. Solo una jugada después fue el mediapunta bielorruso el que se aturulló ante Cech tras aprovecharse de una lesión de Ballack para romper el fuera de juego. Guardiola, tan profeta como Hiddink, ya lo había anunciado: la sentencia se escribirá Londres.