El partido más decisivo de Oubiña

X.?R. Castro

DEPORTES

Más de 18 meses lleva Borja Oubiña luchando contra su lesión de rodilla. Casi dos temporadas de trabajo en la oscuridad, con una latosa intervención del ligamento lateral interno y del menisco de la rodilla izquierda, con una complicación importante a los dos meses que obligó a los médicos a aplicar un lavado quirúrgico de urgencia y con una recaída cuando después de cientos de horas de gimnasio y piscina había conseguido pisar el césped y ponerse el brazalete de capitán en activo. A nueve jornadas para la conclusión de la Liga parece improbable que vuelva a reaparecer. No será por tesón y trabajo, porque el último internacional gallego lleva dos años dedicado por completo a recuperar su rodilla.

La vida también se tuerce para los mejores. Verano del 2007. El mediocentro vivía en la cúspide y el Benfica ofrecía 10 millones de euros por llevárselo. Una disputa por los intereses de los pagarés rompió el trato y Borja se fue cedido al Birmingham de la Premier. En su debut se hizo la oscuridad. Se rompió el menisco de la rodilla izquierda a los 14 minutos.

Ahí comenzó un calvario que todavía no ha tocado fin 600 días después. «Fue una lesión muy grave de rodilla -recuerda Mario Galán, uno de los médicos que lo operó-, resultó laboriosa pero en principio fue bien. Nos quedamos satisfechos [Genaro Borrás también había estado en el quirófano] a pesar de que la avería era gorda».

Dos meses después, cuando Borja había comenzado con la recuperación, llegó la recaída más grande. «No está claro porqué, pero tuvo una complicación a los dos meses y fue necesario hacerle un lavado quirúrgico de urgencia y ahí retrocedió en la rehabilitación y dejó la rodilla con cierta sinovitis».

Días enteros en el gimnasio

Fue un golpe duro, pero el vigués respondió a la adversidad con más trabajo. Con visitas diarias a la piscina y días enteros en el gimnasio. Así hasta el verano del 2008. «El primer año fue complicado, pero en una lesión de esta gravedad tampoco es tan anormal. Las estructuras sufren y hay que ajustar continuamente», comenta Eduardo Parra, el recuperador del Celta que desde que comenzó la rehabilitación se ha convertido en la sombra de Oubiña. «Es fenomenal, un tipo muy positivo, trabajador y humilde. Cualquier otro futbolista que no tenga sus características lo pasaría mucho peor».

Tanto empuje le valió para saltar al campo, para hacer su particular pretemporada e incluso para volver a jugar en diciembre pasado, aunque tres meses después ha llegado una recaída. «Desde que yo conozco el caso -apunta García Cota, el jefe de los servicios médicos del Celta-, la evolución ha sido positiva, tanto es así que ha vuelto a jugar, aunque con ciertas molestias. El problema es que esas molestias ahora no son tolerables». Sufre una sobrecarga del compartimento interno que lo ha obligado a parar. «Pienso que se debe básicamente a que tiene poco menisco interno», argumenta Mario Galán.

Otra vez los focos dan paso al trabajo en la oscuridad. «Ahora estamos tratando de que la zona sufra lo menos posible, porque estamos hablando de lesiones que son para toda la vida. Tratamos de mantener todas las capacidades físicas, resistencia, fuerza y flexibilidad y fortalecer la zona». Traducir las palabras de Parra significa ocho horas de trabajo en doble sesión.

Con nueve jornadas por delante que vuelva este curso es un asunto menor. Lo único que quiere el Celta es que Oubiña regrese en plenitud y recuperado por completo. «Es impredecible decir si va a volver esta temporada. Aquí, de lo que se trata es que mejore día a día y que vuelva a jugar, eso es lo importante», dice García Cota.

Con un año más de contrato, Borja Oubiña quiere regresar por la puerta grande. Para demostrar que el afán de superación tiene premio: disfrutar del fútbol.