Aficionados serbios, croatas y bosnios amenazan con una guerra balcánica en el Open de Australia. La tensión entre los aficionados de distintos países, algunos de vacaciones, y otros radicados en Oceanía, se hace notar en las gradas casi a diario.
La gresca comenzó el miércoles en un puesto de bebidas. El conato de pelea se inició con algunos puñetazos y acabó con varios de los implicados detenidos por la policía. La polémica había empezado con un intercambio de insultos en las gradas durante el partido entre el croata Marin Cilic y el serbio Janko Tipsavevic.
Este último pidió calma después de que sus compatriotas insultasen a su rival. «Ambos, serbios y croatas, fueron un poco incorrectos, cantando canciones que no tenían nada que ver con el tenis y sí con la historia que [ambas etnias] tienen en común», explicó Tipsarevic. «Dijeron un par de palabras malsonantes, así que él les pidió que se estuvieran callados», añadió Cilic.
«Claro que fue duro jugar así. Sabía desde el principio que iba a ocurrir algo parecido», lamentó Cilic, que pasó a la siguiente ronda y hoy juega con David Ferrer.
Mientras los croatas y los serbios se enzarzaban, el público local no entendía la escalada verbal en la grada, ni el significado de los cánticos de unos y otros. «Mejor que no lo sepan», añadió Cilic.
En la primera ronda, el estadounidense Taylor Dent fue el blanco de las iras de los fans del bosnio con nacionalidad estadounidense Amer Delic. Tuvo que escuchar cánticos hirientes. Dent se quejó cinco veces de la actitud de ese sector, que cantaba durante el desarrollo de algunos puntos, y al final perdió el partido.
«He jugado muchos torneos del grand slam y puedo decir que este comportamiento no está permitido en ningún lugar del mundo», protestó Dent.
Los organizadores del Abierto de Australia prometieron endurecer las medidas contra los alborotadores. En el 2007, los disturbios acabaron con 150 espectadores expulsados de Melbourne Park.
En un partido del año pasado, la policía cargó con espráis de pimienta contra unos exaltados griegos, hiriendo por error a diez espectadores inocentes.