A Vicente Boluda y su junta, todos directivos con Calderón, les corresponde devolver de inmediato la credibilidad a un Madrid que no puede esperar hasta el mes de julio
21 ene 2009 . Actualizado a las 02:47 h.«Si queremos que todo siga como está es necesario que todo cambie». El viejo axioma reformista parece haberse instalado en los despachos de un Real Madrid sometido al período más convulso de su historia. Apenas una semana después del terremoto que sacudió la entidad, todas las heridas parecen curadas y el club viaja apacible hacia la paz social. ¿O no? Ramón Calderón ya es pasado; Nanín, un clásico para los chascarrillos del futuro; y Vicente Boluda se ha arrogado el papel de redentor. Todo revestido de una legalidad que se apoya en unos estatutos decimonónicos y que desprecia la restauración de una legitimidad de la que carecen los compañeros de junta directiva de Calderón.
¿A quién le corresponde restaurar la legitimidad?
Por acción o por omisión, como su antecesor en el cargo, el actual presidente del Real Madrid no puede permanecer al margen de la actuación de varios empleados del club ni, mucho menos, aceptar como válido el resultado de una asamblea manipulada por esos mismos empleados, a los que por cierto nadie ha pedido responsabilidades en un juzgado. Y, entre otros asuntos, colaboraron a que se aprobaran las cuentas y un presupuesto de 401 millones de euros.
¿Qué parte de responsabilidad de lo sucedido le corresponde a la actual directiva?
Vicente Boluda, el presidente accidental, se ha cansado de repetir que desconocía los manejos que, al fin y al cabo, le han regalado el sillón presidencial. También Calderón manifestó su ignorancia, aunque en su caso avaló con su honor y puso como testigos a los once directivos que lo acompañaron en la sonrojante rueda de prensa. Ni uno solo ha salido en público para desmentir a su antiguo jefe. Tampoco Boluda, vicepresidente desde hace un par de años, y por tanto implicado en las decisiones de Calderón. Con episodios como los protagonizados por Nanín y sus amigos, el empresario valenciano nunca hubiera recibido el galardón de emprendedor del año en 1998.
¿Por qué no convocar ahora mismo las elecciones?
Si nadie lo remedia, las elecciones que acabarán con la actual situación de interinidad serán en julio, una vez que ya haya acabado la Liga y en pleno período estival. Medio año por delante para un prolongado y asfixiante proceso preelectoral, y con poco tiempo para planificar la próxima campaña y poner orden en el desbarajuste deportivo heredado. Un proceso electoral inmediato no debiera afectar a la actual situación deportiva del Madrid, con la plantilla cerrada. La alternativa es convocar de forma urgente una asamblea extraordinaria que someta de nuevo a la voluntad de los compromisarios lo aprobado en diciembre del 2008, modifique unos estatutos decimonónicos y, de paso, decida si la directiva actual (todos compañeros de Ramón Calderón) está legitimada para protagonizar la puesta en orden de la entidad.
¿Qué concede el palco del Bernabéu que no tengan los éxitos empresariales?
Ni su amplia trayectoria en los negocios ni la gestión de un inmenso conglomerado empresarial en medio mundo le han otorgado a Vicente Boluda la repercusión mediática de su estreno en el palco del Santiago Bernabéu. Un argumento para que respetables profesionales, a los que ni por asomo se les ocurriría gestionar sus empresas con la frivolidad con la que se toman decisiones en el mundo fútbol, se aferren al sillón presidencial. Sobre sus intenciones de seguir al frente del Real Madrid, las respuestas del actual presidente han sido tantas como el número de entrevistas que ha concedido: «Hoy por hoy tengo fecha de caducidad», «no sé si me presentaré», «yo no me presento», «me encantaría seguir en el fútbol».