La afición sevillista cuestiona a Jiménez por el conservadurismo táctico del equipo, que ha perdido a Poulsen, Keita y Dani Alves respecto a la temporada pasada
07 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Jiménez fue un lateral voluntarioso pero poco estético, un esforzado de la banda. A costa de perseverancia llegó a la internacionalidad y a jugar un Mundial (por cierto, a las órdenes de un coruñés, Luis Suárez). No tenía glamur como jugador y también carece de él como entrenador. La afición del Sevilla quiere más y cuestiona, más que su capacidad, su conservadurismo.
Ocurre que la parroquia sevillista comió jamón de jabugo (que diría Irureta) en la era Juande y ahora no le llena la paleta ibérica. Porque la crisis del Sevilla consiste en que, después de tumbar al Real Madrid (3-4) y al Villarreal (1-0), dos jefazos de la Liga, lleva tres partidos sin ganar. El primer tropiezo fue el más doloroso: derrota ante la Sampdoria y eliminación de su querida Copa de la UEFA. Después empató en Mallorca y el colista Osasuna le igualó el pasado domingo, en el último aliento, en el Sánchez Pizjuán, donde afloraron pañuelos, y no precisamente para celebrar un gol de Kanouté. Sin ese tanto postrero, el Sevilla sería ahora mismo segundo en la tabla liguera. Pero es cuarto, y llueven piedras sobre el banquillo.
La afición del Pizjuán añora el fútbol espectacular de antaño. Tras la precipitada marcha de Ramos en octubre del pasado año, a Jiménez (Sevilla, 1964) le llegó la hora de crecer profesionalmente. Tras siete temporadas en el filial sevillista, al que ascendió de Tercera a Segunda, situó a los mayores a la puerta de la Champions, pues el equipo acabó quinto empatado a puntos con el cuarto, el Atleti.
En verano le desmantelaron el mediocampo con los traspasos de Poulsen a la Juve (10 millones de euros) y Keita al Barça (14). A los culés se fue también el lateral Dani Alves (32 millones), uno de los jugadores más desequilibrantes de la Liga.
A cambio, llegaron Squillaci, Fernando Navarro y Konko para reforzar la defensa. Duscher, Fazio y Romaric para el mediocampo. Para ayudar arriba, donde el Sevilla mantiene pese a las ofertas la pólvora de Luis Fabiano y Kanouté, llegó el argentino Acosta.
Squillaci y Fernando Navarro son titulares indiscutibles y están ofreciendo un gran rendimiento. Konko, que llegó para suplir a Alves, no ha cuajado en el lateral derecho, donde Prieto tampoco ha ofrecido un buen rendimiento. Romaric tampoco se ha ganado el aprecio de la afición, que sí tolera a Duscher y a Fazio. En cuanto a Acosta, lleva más de un mes de baja por un esguince de tobillo.
Monchi, el secretario técnico que obró el milagro del Eurosevilla con sus fichajes buenos-bonitos-baratos, ha escuchado esta temporada sus primeros reproches.
Sin perder la posición
El aficionado sevillista es consciente de que Jiménez no tiene los mismos elementos que Ramos, pero entiende que lo que más ha cambiado es el espíritu del equipo. Practica un fútbil aburrido para la grada, muy conservador y escasamente dinámico. No perder la posición es uno de los mandamientos del técnico, al que acusan de restar naturalidad a los futbolistas. Sin embargo, cuando el Sevilla se ve con el marcador en contra, fluye el fútbol que le hizo conquistar Europa, esas oleadas atacantes que tanto temían los rivales.
La defensa es la obsesión del técnico. El equipo recibió demasiados goles la pasada temporada, y ahí nació esa fijación. Esta campaña, el Sevilla encaja menos. De hecho es el segundo equipo, tras el Barça, que menos tantos ha recibido: 15, por 11 de los blaugranas. El problema, al menos para la afición, es que también ataca mucho menos.