Salvo hecatombe el próximo sábado en Valladolid que precipite los acontecimientos, Ramón Calderón pretende evitar a toda costa la destitución de Bernd Schuster a corto plazo, porque sabe que el técnico alemán es su mejor paraguas o escudo posible, al menos hasta que el presidente se someta al juicio de los socios compromisarios del Real Madrid en la asamblea del 7 de diciembre. A partir de ahí, superado sobre todo el temido trago del Camp Nou del 14 de diciembre, ya sería más fácil para Calderón desprenderse del entrenador y desviar la atención con fichajes invernales que devuelvan la ilusión a los aficionados.
Posibles recambios
Entre los futuribles para el banquillo se barajan los nombres de Miguel Ángel Portugal, actual secretario técnico, Míchel, director de la cantera, el manchego Juande Ramos, libre tras ser despedido en el Tottenham, y Víctor Fernández, un ilustre en paro. Más a largo plazo gusta el francés Arsene Wenger, sobre todo si pudiera aterrizar junto al catalán Cesc Fábregas, una de las viejas promesas incumplidas de Calderón.
El entrenador se queda solo
Schuster se quedó prácticamente sin apoyos en todos los estamentos del club, pero el presidente asume que despedirle ahora le dejaría muy expuesto. Sería como reconocer que solo dos meses después de arrancar la temporada ya se da por perdido el proyecto, la lucha por la décima Copa de Europa y por la Liga. Y todas las miradas se dirigirían hacia el palco. En realidad, el entrenador es carne de cañón desde la doble derrota frente al Juventus, pero mientras la afición apunte sobre todo al banquillo, Calderón encuentra un mínimo parapeto.
Errores técnicos
La directiva ya decidió que, pase lo que pase, el técnico no seguirá la próxima temporada. Se le acusa de errar en el esquema del equipo (sin banda derecha), de fallar en las rotaciones, de no trabajar el sistema defensivo ni las acciones de estrategia, de ser ajeno a la cantera y de mostrarse arisco ante la opinión pública en la mayoría de sus comparecencias públicas.
Carácter agrio
Tras la humillante eliminación ante el Real Unión de Irún, su conferencia de prensa apenas duró cuatro minutos. El director de comunicación, Luis Villarejo, prefirió cortar las preguntas que permitir otro enfrentamiento entre el técnico, muy cortante, y los periodistas, ávidos de preguntar. Calderón no entiende que Schuster dijera no estar preocupado por su futuro, aunque comprendiese que «otros tengan dudas sobre su capacidad», y, sobre todo, le reprocha que no sepa ver lo que le pasa al equipo. ¿Por qué se encajan tantos goles? «No lo sé, no le puedo ayudar», respondió el alemán.
Los jugadores, desorientados
Fuentes del club aseguran que esta actitud parece dejar claro que Schuster está a disgusto y que vería incluso con buenos ojos su destitución, previo pago de unos cinco millones de euros de finiquito. La plantilla tampoco le entiende. Ante el Real Unión de Irún se sintió descabezada, ya que el técnico no entró en el vestuario de jugadores ni en el descanso, lo que es habitual ya que las órdenes en ese lapso las imparte su ayudante, Manolo Ruiz, ni al final del partido.
La directiva gana tiempo
Tampoco apareció directivo alguno para animar o censurar a los futbolistas tras el varapalo. La situación estaba muy caliente y, con Ramón Calderón a la cabeza, prefirieron celebrar una supuesta reunión de crisis que acabó sin la toma de medida alguna.
Autogestión
Como ya ocurriera con Capello, cuando al final ganaron la Liga, los jugadores están dispuestos a dar un golpe en la mesa y hacer autogestión. «Si él (en referencia a Schuster) no sabe lo que pasa, le vamos a ayudar, seguro. Entre todos tenemos que encontrar el camino para volver al nivel que se merece el Real Madrid», reflexionó el gallego Míchel Salgado, quien pidió «disculpas a la afición» tras sufrir en sus carnes la derrota más sorprendente en décadas.