Repliegue sin contragolpe, sinónimo de derrota

DEPORTES

Un repliegue excesivo y sin el apoyo del contraataque expuso al Deportivo al arreón del Valencia y lo condenó a una derrota que se intuía desde el minuto 20, cuando los coruñeses se recluyeron en su campo y echaron por tierra el excelente trabajo que habían realizado hasta entonces.

El Dépor empezó bien, con una presión hasta el área del Valencia que le dio el balón, el dominio y un gol ante un rival sorprendido por la salida de los blanquiazules. El tanto de Moretti en propia meta llegó en el momento clave porque permitía a los de Lotina pasar a la segunda fase del plan: el repliegue.

Es imposible mantener todo el partido y ante un rival de la talla del Valencia la intensidad defensiva y la presión que propuso el Dépor en los primeros 20 minutos, así que es perfectamente lógico que el equipo especulase con ese gol y modificase el guión para armarse atrás y buscar el contragolpe, tratando de sentenciar el duelo.

Y ahí es donde empezaron los problemas. El Dépor se replegó, pero olvidó la segunda parte del plan, la contra. Y el repliegue plano, sin réplica, suele ser sinónimo de derrota en fútbol.

El equipo coruñés se metió en la cueva, entregó el balón y se expuso a las oleadas de un excelente adversario, armado con varios de los mejores atacantes de la Liga. Y eso es un suicidio, sobre todo cuando el equipo replegado es incapaz de atemorizar al rival con escarceos ofensivos que le obliguen al menos a tomar precauciones al atacar. El Dépor no fue capaz de armar un solo contagolpe con cierto sentido, no creó peligro y el Valencia, poco a poco, se fue encontrando cómodo y seguro en su dominio aplastante. Atacaba con todo en un partido de dirección única y las ocasiones y los goles eran cuestión de tiempo.

El motivo por el que no funcionó la contra tiene que ver con los jugadores que había sobre el césped, porque ni Antonio Tomás ni Juan Rodríguez están especialmente dotados para lanzar a los delanteros, ni los atacantes que alineó Lotina eran los idóneos para ello. Sí lo es, por ejemplo, Lafita, en el banco.

El Dépor entregó el partido por encerrarse atrás y renunciar a la réplica, pero los goles evidenciaron un segundo problema, la escasa intensidad defensiva de los coruñeses.

La tan traída y llevada estadística de solo dos tantos en contra en cuatro partidos de Liga resultó ser engañosa y ficticia, y ahora se deduce que solo la suerte evitó que el Osasuna o el Villarreal armasen un lío parecido al que formó anoche el Valencia. Fueron cuatro, pero pudieron ser siete después del abrumador bombardeo sobre la portería de Aranzubia.

La línea defensiva tuvo muchos problemas en el uno contra uno frente a hombres como Villa o Morientes, por no hablar de la fragilidad de zagueros como Laure o Zé Castro.