El empresario, que amasó su fortuna vendiendo naranjas, pagó ayer 70 millones ?a Juan Soler por el 47% de las acciones de un club en grave crisis económica
27 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El Valencia F.?C. cambia de manos a un día de la visita del Deportivo en la Liga. Su presidente, Vicente Soriano Serra, es desde ayer el máximo accionista del club tras haber adquirido el paquete accionarial de Juan Bautista Soler y pasar a controlar el 47% de la sociedad.
Soriano, al que los valencianos definen como un hombre hecho a sí mismo desde que empezó a amasar su fortuna con la venta de naranjas, exprime desde ayer un club en grave crisis económica y en el que acaba de meter 70 millones de euros. Por su parte, Soler deja la entidad después de cuatro años al frente, sin un solo título en el bolsillo y con graves problemas de salud por el estrés del palco.
Prensa y socios albergan enormes dudas sobre el jugo que Soriano logrará sacar de un Valencia encofrado por una deuda de 439 millones, que son 789 si se le suman los 300 necesarios para la construcción del nuevo Mestalla, el proyecto bandera que asume el empresario al acaparar todo el poder.
La obra es una losa pesada, pero también la punta del iceberg de un pelotazo urbanístico que pasa por la venta de la parcela del viejo estadio y por la recalificación municipal de los terrenos para el nuevo coliseo, a fin de albergar junto a él -por ejemplo- un hotel de lujo de 20 plantas.
Allí construirá el Valencia su futuro feudo; eso sí, con su propio dinero y el firme propósito de Soriano de no despertar las iras de la alcaldesa Rita Barberá, salpicada por el escándalo de la recalificación. «No puede ser que las instituciones políticas, que tanto trabajan por la ciudad, también tengan que preocuparse por nosotros», manifestó Soriano el mes pasado, cuando dejó caer además un preocupante «el nuevo estadio se hará en los plazos más o menos previstos».
Pero ni la crisis, ni la deuda, ni las dudas sobre empujón definitivo al coliseo che y su correspondiente ciudad deportiva han desmotivado al máximo accionista que, alentado tal vez por la buena marcha del equipo, líder de la Liga, se ha decidido a comprar el paquete accionarial de Soler, que es el mismo por el que con tanta pujanza porfió hasta este verano Juan Villalonga.
La opción Villalonga
El tiburón, que había metido sus fauces en el club y que estuvo a punto de hacerse con el control, fue destituido de forma fulminante como asesor el 24 de julio por Soler, que además le llamó «mentiroso» cuando Villalonga dijo aquello de que «el Valencia es un enfermo que está en peligro de muerte, y yo -agregó el ex de Telefónica- soy el médico que sabe cómo sacarlo de la uvi».
Ese mismo día Vicente Soriano reemplazó a Agustín Morera en la presidencia del club por decisión de Soler y ya en aquel momento se anunció que existían negociaciones para la adquisición de los títulos del entonces máximo accionista.
«Hemos ejecutado la opción de compra que firmamos en su día», manifestó ayer Soriano a Televisión Valenciana, antes de añadir que esta transacción «supone sosiego y tranquilidad para que la entidad pueda trabajar adecuadamente y sin sobresaltos».
Citó también los dos objetivos prioritarios de los levantinos: «Cerrar la explotación de la zona comercial del nuevo estadio y la venta de las parcelas de Mestalla». Tras sus éxitos con las naranjas, Soriano diversificó capital y abrió las vías de negocio que lo definen hoy como empresario: la promoción inmobiliaria y la representación de firmas inversoras. Curiosamente, una de esas sociedades a la que representaba, Nozar, S.?A., fue designada en el 2005, cuando Soriano accedió a la vicepresidencia del Valencia, para urbanizar la futura ciudad deportiva de Porxinos. Una operación de 160 millones de euros.
En realidad, la primera tarea de envergadura que afrontó el presidente valencianista fue retener a sus figuras y defenderse de depredadores como Ramón Calderón, que llegó con 60 millones de euros hasta la puerta de una entidad endeudada hasta las cejas para llevarse a David Villa al Real Madrid.