David García, primer ganador gallego en 19 años, eligió un deporte del que admiraba a Indurain y a Jalabert.
16 sep 2008 . Actualizado a las 17:47 h.David García Dapena (Marín, 1977) tomó un día prestada la bicicleta de su amigo Diego. Y así dio sus primeras pedaladas para seguir la rueda de sus ídolos, Indurain y Jalabert. Tomó contacto con el deporte en el Club de Remo Ría de Marín. Pero eligió el ciclismo. Una profesión en la que la única certeza es la dureza. Aunque cree que el de su padre sí que era «un trabajo de esclavos». Una vida en el mar. «Es una vida dura. Se gana dinero, pero somos ocho hermanos. La nuestra no era una familia acomodada», señala.
Como tantos corredores gallegos, tuvo que curtirse en Portugal. Se marchó en el 99 y no regresó hasta que fichó por el Karpin en el 2007. En el país vecino lanzó muchas veces a Cándido Barbosa hacia la victoria. En la pasada Vuelta fue uno de los escuderos que resguardaron a Mosquera para que acabara quinto. Él finalizó en el puesto 23. Pero este año quería más. Tras ganar la Vuelta a Turquía se marcó tres objetivos: lograr un triunfo de etapa en la Vuelta, acabar entre los quince primeros de la general y ser padre. «A lo de ser padre no me da tiempo, habrá que ponerse con el tema en el invierno», comenta.
El marinense es el polo opuesto a Ezequiel Mosquera, su «líder indiscutible» y compañero de habitación. Temperamental, emotivo y nervioso. Mosquera y García Dapena son dos espíritus muy distintos que, quizás por ello, encajan a la perfección. A veces al marinense le toca decir lo que se calla Mosquera, alzar la voz cuando algún rival se extralimita. En las cronos ese ímpetu a veces le pierde, porque se revoluciona al principio y derrocha fuerzas en el arranque. «Es un fuguillas», dicen sus colegas. Un loco de e-Bay a la caza de gangas que cambia cada dos por tres de teléfono móvil.
Según García Dapena, todos los astros señalaban la etapa de ayer. El pasado domingo Rebeca, su pareja, le dijo que tenía una corazonada, que iba a ganar la etapa de Ponferrada. «En la salida David comentó: "Tengo que coger una fuga de diez minutos"», relata Mosquera. Unas horas más tarde, besaba su anillo de compromiso en la meta.
Su cotización ha subido. Asegura que tiene mucho ciclismo en sus piernas. Unos cinco o seis años. «Estoy orgulloso de llevar el maillot del Xacobeo, sobre todo tras ver la marea gallega en las últimas tres etapas. Es mi primera opción, pero yo ya tenía dos ofertas antes de ganar esta etapa», apunta.
Aunque quiere sacarse el título de director deportivo, cuando aparque la bicicleta le gustaría montar un restaurante. «Soy un cocinillas. Hablé con un amigo que tiene un restaurante para poder ir a trabajar en invierno allí y aprender a cocinar», señala. «La carne le sale muy rica y hace las tartas de mi cumpleaños», asegura Rebeca. Quizás celebre su triunfo en Poio con un chuletón de buey, su plato favorito. Y vestido para la ocasión. «Soy muy presumido, me gusta ir bien combinado», apunta. «Es más guapo que Tom Boonen», dice su novia.