Solo un hombre se interpuso entre Ezequiel Mosquera y el triunfo ayer en el puerto de La Rabassa. Alessandro Ballan. El italiano del Lampre coronó con más de dos minutos y medio de ventaja sobre los favoritos y se enfundó el jersey oro. A continuación llegó Mosquera, destacado pero perdido en una tarde infernal de niebla y lluvia. «En el último tramo no sabía si había gente por delante o no. Intentaba hablar con Álvaro Pino, pero el sonido era malo, no nos entendíamos. Llegué a preguntarle a la gente. Cuando crucé la línea de meta no sabía si había vencido. Pensé: ''A ver si he ganado y no he levantado los brazos...''», explicó el líder del Xacobeo Galicia. No había ganado. Pero había descolgado a los grandes con su ataque. Arañó tres segundos sobre Alberto Contador. Ocho sobre el grupo de Carlos Sastre, Levi Leipheimer e Igor Antón. Y más de un minuto sobre Alejandro Valverde. Tras la primera cita pirenaica, Mosquera es octavo en la general.
La Rabassa, la última cima de la etapa de ayer, aguardaba al pelotón como un témpano. Desapacible y fría. Ocho grados. Y agua en abundancia. El tiempo le aguó la fiesta hasta a la televisión, que no pudo retransmitir las dos ascensiones.
La etapa era un escenario odiado por muchos de los habitantes del pelotón. No por Mosquera. «Fue un día de perros. Con lluvia y bajas temperaturas. Pero una etapa muy bonita. En estas circunstancias paso frío y voy acojonado pero, ahí está lo curioso, rindo al 150% en la carretera», señaló el ciclista gallego.
Mosquera relató que demarró cuando iban tirando los hombres del Astana. «Nadie pasaba al ataque, los gallos se iban controlando entre ellos. Me dije: ''Yo soy diésel. Mejor arrancar ahora, porque cuando arranquen los otros, puede que me dejen zapateado ''. Y ataqué a unos seis kilómetros de la meta», indicó.
En ese ataque, Valverde, que partía en mejor posición antes de esta jornada, fue el peor parado. «Pues al final iba a ser verdad aquello de que Valverde no venía a disputar la general», comentó Mosquera.
Pero, como todos sospechaban, Contador sí que está para luchar por la general. «Contador va bien. Cuando arrancó por detrás, primero lo vi a lo lejos, pero en un momento ya estaba casi cogiéndome. Fue muy rápido, él sí respondió», señaló el ciclista del Xacobeo.
Por el equipo de Pino también lanzaron ataques Carlos Castaño y David García, que se lanzó junto a Paolo Bettini después de coronar la Rabassa por primera vez. «Atacamos en el descenso Paolo Bettini y yo bajando», señaló el corredor de Marín. «La bajada no es que fuese chunga. Es que con el asfalto mojado era muy chunga. Yo empecé el descenso por delante, porque tenía miedo. La verdad es que David García tuvo que echarle narices para atacar bajando», apuntó Mosquera. Pero David García no comió y pilló una pájara . «Se me torcían las piernas. Me quedé sin gasolina totalmente. Lo bueno es que el año pasado a estas alturas estaba en el puesto 150. Y ahora tendré libertad para meterme en las escapadas», explicó el gallego, que acabó en la posición 39.
No solo Mosquera ascendió posiciones en la general. Gustavo César Veloso, el segundo mejor del Xacobeo ayer, ahora ocupa el puesto 16.
La etapa de mañana
La octava etapa de la Vuelta saldrá de Andorra para finalizar en Plá de Beret después de 151 kilómetros de recorrido. El pelotón tendrá que superar los puertos de Cantó, de primera, Enviny, de segunda, La Bonaigua, de primera y el final en Plá de Beret, a 1.880 metros de altitud. «A ver cómo vamos los de delante y yo. La etapa de Andorra es de las que dejan resaca. Se puede pagar muy caro el desgaste. La siguiente es mucho más corta, pero tiene bastante miga, con la Bonaigua, que es largo, tendido al principio, pero con un tramo empinado y duro al final. Y luego está Plá de Beret», puntualizó Mosquera. Y recuerda que más allá está el Angliru, el juez implacable.