El tenista paralímpico ferrolano Álvaro Illobre se aloja en la Villa Olímpica y se aclimata a las condiciones de la ciudad
04 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Pekín sigue siendo sede olímpica, aunque muchos pudieran pensar que, tras la espectacular clausura, estaba todo dicho. Ahora es el turno de los paralímpicos. Y España, con una nutrida delegación (132 deportistas), llega a la capital china dispuesta a seguir haciendo historia. Porque es una de las potencias mundiales a nivel paralímpico. Quinto puesto en Barcelona y Atlanta, cuarto en Sídney y séptimo en Atenas 2004. Los números no mienten: una media de setenta medallas por Juegos. Excelente carta de presentación para unos deportistas relegados a un segundo plano. Ya están en Pekín y se hospedan en la misma Villa Olímpica que no hace mucho ocupaban sus compañeros.
Las instalaciones están totalmente adaptadas a las necesidades de estos deportistas: baños bajos, amplios ascensores, rampas en los autobuses... Además un elevado número de voluntarios están a disposición de los olímpicos.
Primeras impresiones
La delegación española cuenta con cinco deportistas gallegos: Chano Rodríguez y Pablo Cimadevila en natación, Maximiliano Rodríguez y Gustavo Nieves, de atletismo, y el ferrolano Álvaro Illobre en tenis. Este último ya se entrena con Kiko Tur, su compañero de dobles. «Las sensaciones son buenas, únicamente tengo que levantar más la bola en el saque. Jugamos el otro día en la pista 1, una de las grandes». Illobre se muestra ilusionado sobre la posibilidad de disputar una final: «Debe de ser fenomenal jugar en una pista así, llena de público. A ver si podemos estar ahí».
Los entrenamientos son de una hora y media por la mañana y por la tarde. En la sesión vespertina los tenistas aprovechan además para jugar partidos amistosos contra rivales extranjeros.
Pero, al margen del deporte, la villa ofrece a los deportistas múltiples posibilidades y servicios: una zona de espectáculos donde cada día hay actividades, un centro de Internet, tiendas de recuerdos y hasta una escuela de chino. «Me gusta más que la de Sídney -la villa- porque tienes todo al lado y a los españoles más cerca. Allí, había compañeros que no veías, pues las casas eran de ocho y era necesario usar mucho el autobús», afirma el de Ferrolterra.
Rompiendo tópicos
Algo que sorprendió a Illobre a su llegada a Pekín fue la gran permisividad que se encontró: seguridad. «Cuando llegamos al aeropuerto pasamos todos sin parar. Me sorprendió mucho, después de oír tanto sobre la seguridad. Me explicaron que el motivo se debía a que éramos una expedición. Me sigue extrañando», expone el tenista. Por ahora tampoco se sometieron a controles antidopaje, pero cree que «cuando empiece la competición tendremos que pasar alguno».
Otro de los puntos más polémicos de los pasados Juegos, la polución, no parece ser un problema. «No veo tanta contaminación como decían. Se respira bien, lo peor es la humedad», dice el ferrolano.
Tras el gran número de retransmisiones de los anteriores Juegos, los paralímpicos se tendrán que conformar con resúmenes diarios en diferido. «Es una pena que si ganamos medallas nuestras familias y amigos no puedan vernos», denuncia Illobre. Los deportistas buscarán atraer la atención de la opinión pública continuando con la estela ganadora de los últimos años.