Riazor también dice no al Madrid

El conjunto blanco no gana en A Coruña desde la temporada 1991-1992, y ?en sus últimas siete visitas únicamente ha logrado marcar un gol al Deportivo


Cada año la víspera de la visita del Real Madrid a Riazor se vende como el intento de terminar con la racha negativa de los blancos en A Coruña. Pero temporada tras temporada tropiezan con la misma piedra, la blanquiazul.

El recinto coruñés ya no es solo un campo maldito para el Real Madrid. Es un reto personal. Una espina en el orgullo blanco por saber que una pequeña ciudad, allende la capital, se resiste a su poderío económico y deportivo.

Han pasado ya 17 años desde su última victoria. Jugadores como Íker Casillas, que contaba entonces con 10 primaveras, o Rubén de la Red, con 6, apenas pueden presumir de recordar que un día salieron alegres y victoriosos de A Coruña, aunque solo fuera desde el papel de pequeños seguidores blancos.

Aquella era la primera temporada del Deportivo en Primera División. La de Boronat. La que casi desemboca en el descenso en la agónica promoción con el Betis, y que felizmente concluyó con el nacimiento del Superdépor. Ni siquiera Raúl, el más veterano de la actual plantilla, pertenecía a la entidad blanca y no se escondía en reconocer su amor al rojiblanco.

A partir de ahí comenzó la pesadilla merengue. Llegaron los años de Bebeto, Mauro Silva y Arsenio. Riazor era una bombonera porque no se olvidaba de viejos enemigos de Segunda como Hierro. A través de su odio deportivo no dudaban en festejar con mayor énfasis las victorias locales. Primero fue un gran 3-2 y a continuación un sonrojante 4-0 que anunciaba lo que les quedaba por venir: una lluvia de goles. Ni siquiera los altibajos de la época Toshack frenaron el poderío blanquiazul. Hasta el galés puede presumir de haber goleado al club blanco por 3-0.

Cinco victorias con Irureta

El renacimiento del Deportivo de la mano de Javier Irureta supuso, además, los mayores sonrojos para el Real Madrid. El día que Raúl (cercano a la jubilación) escriba sus memorias, seguramente pasará por alto las gestas de Djalminha con el balón, con taconazos, alambretas , caños y demás recursos técnicos que iluminaban no solo las goleadas coruñesas, sino ruborizantes actuaciones como las del 4-0 en la 98/99 o el 5-2 apenas un año más tarde.

Tampoco Diego Tristán quiso faltar a la fiesta de la inmunidad blanca. El sevillano firmó el empate a dos en la campaña 2000/01, seguramente la vez en la que estuvieron más cerca de llevarse los tres puntos de Riazor.

Con las penurias económicas tampoco ha cambiado la historia. Cinco victorias seguidas adornan los precedentes. Es más, en las últimas siete visitas, el Real Madrid solo ha marcado un gol. El domingo, el Deportivo tendrá otra oportunidad para seguir mancillando el honor blanco.

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