Laporta recibe su primera pañolada tras otro pésimo partido del Barça

X.A.V.

DEPORTES

El Barcelona se destensó definitivamente ante el Getafe, rival de poca historia y mucho empaque, en un partido en el que se quedó sin luces, apagado pese a sus méritos y obligado a conformarse con un empate (0-0) que le condena a seguir instalado en el tercer puesto del campeonato y a recibir las críticas de su público, expresadas con una pañolada en el pitido final. Y todo, el día en que el congreso de peñas del Barcelona, celebrado este fin de semana en L'Hospitalet de Llobregat, retrató las difíciles relaciones entre el presidente del club, Joan Laporta, y algunas de las 200 peñas presentes. Durante su discurso de repaso a la situación del club, Laporta empleó un tono vehemente en el que pidió a los aficionados más apoyo al club. Un socio acusó a Laporta de «hipócrita», pero el presidente le respondió con contundencia. «Si se ha dado por aludido cuando he hablado de hipócritas, es su problema. Hay personas que tienen afán de protagonismo y ganas de tener un minuto de gloria, y me temo que es su caso», contestó Laporta, molesto por «aquellos que siempre anteponen sus intereses a los del club».

Ya por la tarde, en el partido, el equipo de Laudrup, con tantos minutos en las piernas como el Barça, le cundió su apuesta. Vivió tranquilo durante los 90 minutos, amén de las ocasiones que se dan por descontadas en un escenario así. Especialmente, los tres balones al poste de Eto'o (min. 16), Giovani (min. 53) y Xavi (min. 68), síntoma de que al Barça también le falta puntería. Las musas parecen haber abandonado al equipo de Rijkaard, un vivero de goles no hace demasiado tiempo. Ahora le cuesta un mundo transformar un gol.

Espeso, al Barcelona le faltó intensidad. Sólo Giovani, un zurdo revoloteando por la banda derecha, reanimó al equipo, ya en la segunda parte. Pero no fue suficiente. Gudjohnsen fue el último cartucho de Rijkaard. El islandés provocó varios dolores de cabeza a la defensa del Getafe. Fue el epílogo del partido. Pero aún quedaría la protesta de la grada, que sacó el pañuelo indignada por primera vez en la era Laporta, por el empate sin goles y por el clima de extrema tensión que vive el club. Había proclamado Laporta su fe en el equipo y su esperanza en la Liga, pero cerró la jornada a ocho puntos del líder y entre los pañuelos de la hinchada. Fuera del estadio se pudieron escuchar gritos como «Laporta dimisión» y «jugadores mercenarios».