Un mediapunta que se pasó a la banda con desparpajo

La Voz

DEPORTES

Tal vez a causa de su precocidad futbolística, Andrés dio siempre muestras de un gran desparpajo. Andrés Manuel recuerda, por ejemplo, el momento en que su hijo empezó a jugar en la banda, cuando hasta entonces era mediapunta, toda una idea para Lotina.

«En el Atlas, Andrés jugaba de diez, era el enganche. Pero recuerdo que una vez estaba entrenando el equipo de Primera División, faltaba gente y le llamaron para completar el partido de entrenamiento junto con otros compañeros del segundo equipo. Estaba en el banquillo y uno de los titulares se lastimó un tobillo, y Andrés, sin que nadie se lo dijese, se puso la camiseta y empezó a correr (en la banda). Le decían que parase, pero él respondió que no. El entrenador lo oyó y le gritó: ''A ver, chaparro, ¿quiere jugar? Pues venga, póngase la casaca y entre''. Y entró. Más tarde comentó: ''¿No les dije que iba a jugar?''. Desde ahí empezaron a llamarlo y debutó en Primera con 18 años».

El deportivista habla de su padre con admiración. «La humildad es lo que me recalca siempre con este dicho: ''Mientras más grande seas en lo profesional, más humilde tienes que ser en lo personal''. Me lo repite a cada momento. Es lo más difícil de esta profesión, mantener la calma cuando a uno le va bien, y es bueno que alguien te oriente bien en eso».

Como padre, Andrés Manuel está satisfecho de que su hijo se encuentre «feliz» en A Coruña: «La gente aquí es muy amable, lo reconocen en todas partes y eso, como padre, me da mucho gusto». En su opinión, Andrés tiene todavía mucho margen de mejora. «Es como en el colegio -afirma-, está en vías de graduación».

No quiere pensar en un posible salto a un club de mayor prestigio, pero tampoco lo descarta: «Vamos paso a paso. Ahora estamos muy contentos aquí, y muy agradecidos. Si el día de mañana se da, pues como todo profesional tendrá que irse, pero de momento estamos felices aquí, sobre todo por la gente».