Cuando un equipo de fútbol entra en crisis la mayoría de los dedos apuntan hacia el entrenador como el principal culpable de la situación. Quizás porque es la cabeza más fácil de cortar si se quiere dar un giro a la dinámica del grupo y al juego. En el caso de López Caro no hay duda de que ha cometido equivocaciones, pero hay otros responsables que, con sus decisiones, han influido en el momento crítico que atraviesa el equipo y el club.
Si se empieza por la parte alta de la pirámide, la cabeza visible es la del presidente. Mouriño cogió la presidencia del club vigués con el equipo recién clasificado para la Copa de la UEFA. En su primer año en el cargo los celestes descendieron a Segunda División al acumularse una serie de circunstancias entre las que influyeron decisiones del Consejo.
El presidente
Carlos Mouriño se había excusado la pasada temporada en que había cogido el club sin tiempo a elaborar un proyecto deportivo. Sí lo hizo después del descenso para abordar una renovación profunda, en la que destacó el nombramiento de un nuevo director deportivo. Le dio el bastón de mando a Ramón Martínez, con plenos poderes para decidir sobre bajas, altas y pronunciarse sobre el cuerpo técnico. La apuesta ha sido fallida.
Otro error de Mouriño fue mantener como entrenador a Hristo Stoichkov para verse obligado a destituirle tras la séptima jornada.
El director deportivo
Las primeras decisiones de Ramón Martínez fueron el capítulo de bajas. Destaca la forma en que llevó las negociaciones para no renovar a Gustavo López, sobre todo viendo lo huérfana que ha quedado la banda izquierda, donde se echa de menos a alguien de sus características. Posteriormente confeccionó un plantel seguramente condicionado por las penurias económicas que atraviesa el club, que ataron un poco de pies y manos, igual que había ocurrido el año anterior con su predecesor en el cargo. Pero el principal problema es que se hizo un plantel desequilibrado, con sobrecarga de jugadores en algunos puestos y carencia en otros. En el mercado de invierno no dieron en el clavo.
El entrenador
Cada semana que pasa, las sensaciones futbolísticas que da el equipo en sus partidos van a peor. Juan Ramón López Caro lleva veinte partidos al frente del Celta y sigue sin encontrar la fórmula ideal para sacarle el rendimiento más óptimo a la plantilla que tiene a su disposición. Ha ido haciendo rotaciones que no han servido para mejorar las prestaciones del conjunto. El ejemplo más claro fue el de este último domingo, con varios futbolistas sin ritmo de competición en el once inicial.
La plantilla
Lo que más se puede reprochar a los jugadores es la actitud que han mostrado en muchos partidos, que no ha sido la adecuada para un candidato al ascenso. Les ha faltado garra. Y después están las lagunas de concentración, porque el equipo está encajando demasiados goles en proporción a las ocasiones que le crean.