La guerra de Milo Abelleira

La Voz

DEPORTES

Milo Abelleira resiste en la Cultural Leonesa. Aunque el presidente Domingo Cueto pidió públicamente su dimisión tras perder en Zubieta con la Real Sociedad B «por dignidad, porque como máximo responsable técnico no está cumpliendo las expectativas y tiene que irse», el pontevedrés se niega a dar el paso. Todavía apuesta por meter al equipo en play off de ascenso y se limita a decir que si el consejo de administración culturalista no cree en él «los dirigentes [casi todos constructores] tienen un potencial económico suficiente como para pagar mi ficha y echarme a la calle cuando ellos quieran».

Abelleira Solla repite en León en cierta medida sus pasos por el Ourense. En su época de entrenador rojillo se convirtió en entrenador y secretario técnico después de llevar al equipo al último play off de ascenso, firmó un contrato de tres años por valor de 180.000 euros y fue destituido un año y medio después por profundas desavenencias con el entonces presidente, que incluso llegó a apropiarse de la secretaría técnica.

A León llegó a finales de la temporada pasada y fue capaz de mantener en Segunda B a un histórico que apestaba a descenso. Su trabajo y sus métodos encandilaron al consejo de administración, que le ofreció tres temporadas de contrato a razón de 60.000 euros año y el puesto de mánager y entrenador al más puro modelo inglés. Incluso le avalaron como la pieza angular de un proyecto a largo plazo para devolver a la Cultural todo su esplendor.

Carta blanca para fichar

A diferencia de Ourense, Milo tuvo carta blanca para fichar, hizo un equipo a su medida y asombró en verano. Pero los problemas llegaron con el comienzo de la temporada, en que los resultados no terminaron de acompañar desde el principio. «Son cosas diferentes -dice haciendo una comparativa con O Couto-. Aquí es un asunto deportivo y en Ourense los problemas eran de otra índole. Además, ya había avisado de lo que había. En León el problema es que llevan muchos años salvándose a última hora y necesitan un ascenso ya. Al principio hablaban de proyecto a medio plazo, pero es gente mayor y después de muchos años de trabajo y de poner dinero le urge un éxito deportivo».

El pontevedrés ha estado en entredicho casi desde el primer día. Salvó una destitución segura con un punto en Cuenca en la duodécima jornada, fue capaz de encadenar una buena racha tras recibir una goleada de la Ponferradina (4-1) en el derbi provincial y, cuando parecía que el play off era posible, llegaron dos reveses consecutivos a domicilio ante Guadalajara y Real Sociedad B que llevaron al presidente a pedir su dimisión en público. Milo acepta el cabreo pero en sus planes no entra claudicar. Piensa que todavía están a tiempo de revertir la situación.

Todo en una semana en donde el partido del domingo en el Amilibia con el Real Unión puede convertirse en un plebiscito. Si el equipo pierde y la grada pide su cabeza, Milo volverá al paro pero indemnizado. «La verdad es que no sería nada bueno para mí. Dos destituciones te pueden cerrar puertas y yo quiero seguir entrenando». Una posibilidad sería abandonar el banquillo y centrarse en la secretaría técnica. Del mal, el menos.