La crisis del esperpento

DEPORTES

Primer intento de cerrar la crisis de los porteros. Un esperpento que nos deja varios apuntes.

1). Debilidad del técnico. Lotina está en una situación de debilidad propiciada por los resultados y por la clasificación, en puestos de descenso. Así, se entiende que se haya dejado convencer por la tropa de que lo de Munúa puede hasta perdonarse.

2). Negociación de la violencia. La violencia no debe negociarse, pero ayer se hizo. A cambio de pedir perdón y de reconciliarse, se permitirá a los jugadores reintegrarse al grupo. Hasta que se nos demuestre otra cosa, Gustavo Munúa golpeó brutalmente a su compañero Dudu Aouate y le produjo serias heridas en un ojo. Y lo hizo en el vestuario, recinto sagrado y símbolo de la unidad en una plantilla. La sangre no tiene vuelta atrás en el tiempo. Negociar el perdón de un acto violento es abrir la puerta a otro.

3). Lendoiro se esconde (otra vez). Sus jugadores se pegan, el equipo está en descenso, un millón de periodistas acosa a su entrenador y Lendoiro, tan pancho, sale del club y se va sin decir Pamplona.

4). ¿Y si Aouate no pide perdón? Munúa ya lo ha pedido, pero Aouate, no. Sería paradójico que el israelí acabara con un ojo morado y apartado del equipo y el uruguayo jugando de nuevo.