El campeón del mundo de 250, que prepara su debut en MotoGP, disfruta de una escapada a Galicia, «una de sus tierras»
18 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Jorge Lorenzo, uno de los pilotos que mejor conecta con la afición, tiene en su cadena genética ADN gallego. En el rincón noroeste de la Península disfruta de una de sus «tierras», como él mismo significa, allí donde reside parte de su familia paterna. Cuando la firma Autopark, una de las que lo ha patrocinado esta temporada, le propuso un acto promocional en Compostela, no dudó en aceptar. Solo tenía que cuadrar la agenda, y ayer fue el día.
Detrás de los micrófonos y las cámaras, se le advierte cierto parecido con Butragueño en la contextura física y en la cadencia de sus alocuciones, aunque arriesga más con las palabras. Del futbolista se podía esperar cualquier genialidad sobre el césped. Y lo mismo sucede en los circuitos con el joven bicampeón del mundo, que con solo 20 años prepara su estreno en la categoría reina en una temporada en la que se avecina una competencia feroz entre los clásicos, los emergentes y Valentino Rossi, sin olvidar que Yamaha y Honda redoblarán esfuerzos para destronar a Ducati.
Prudencia y paciencia
Jorge Lorenzo quiere hacerse con ese escenario desde el discurso de la prudencia y de la modestia. En esta primera experiencia en MotoGP se conforma con ir mejorando carrera a carrera. Ni siquiera pone plazos para la deseada primera victoria. Cuando llegue, la celebrará con el sello que suele imprimir a sus gestas. Algo debe de tener ya pensando, porque «normalmente, todo lo que está previsto sale mejor». Pero no quiere distraer la atención con cuestiones adyacentes, prefiere centrarse en la puesta a punto de su nueva etapa. «Yo soy novato en esta categoría, empiezo desde cero, todavía no he hecho ninguna carrera, no sabemos si vamos a ir rápido con esta moto». «El que tiene que aspirar al Campeonato del Mundo es Valentino [su compañero de equipo, Rossi], no le queda otra». «Los japoneses [el equipo Yamaha] me han dicho que no hay ningún tipo de presión». Son algunas de sus reflexiones. Así pues, al menos a priori, el capítulo de las urgencias está amortizado.
De momento, Jorge Lorenzo se aplica a adaptar el pilotaje a su nueva montura, con especial atención a una cualidad que en el cuarto de litro era una virtud y en la categoría reina deviene en vicio que debe corregir. «Sigo teniendo el paso por curva demasiado rápido. En esta cilindrada hay que hacerlo más lento -explica-, ahora lo que cuenta es frenar más tarde y salir lo antes posible». En eso está, y en los ensayos de Jerez se advierte ya una progresión que intentará verificar en otros trazados.
La inercia de un motor de cuatro tiempos, los trucos de la frenada, la potencia... son muchas sensaciones nuevas que está intentando domar para cuando llegue el momento de la competición, midiendo bien cada paso hasta la hora de la verdad.
Ayer pudo aparcar, al menos por unas horas, el chip de las carreras. Jorge Lorenzo derrochó simpatía con las docenas de aficionados que se aceraron a las instalaciones de Autopark, entre una concurrencia en la que había mayoría femenina. Pero se advertían seguidores de todas las edades.
No sabe cuándo tendrá la oportunidad de volver a Galicia, pero si sus compromisos comerciales y sus entrenamientos se lo permiten, intentará hacer un hueco en estas fiestas: «Será difícil, pero me hace ilusión. Sobre todo, estar con la familia de mi padre, que en estos momentos lo está pasando un poco mal porque mi abuelo falleció hace algunas semanas. Va a ser complicado».