La catedral de la velocidad en la fórmula 1 es el circuito de Monza. Su trazado es el único realmente rápido que queda en el calendario. El Mundial vuelve a Italia en el momento más emocionante de la temporada. Tras el pinchazo de Hamilton en Estambul, la clasificación se aprieta un poco más y los Ferrari se van convirtiendo poco a poco en una gran amenaza. La escudería italiana tenía previsto elegir tras esta carrera quién sería el elegido para plantar cara a los McLaren, pero la gran igualdad entre sus dos pilotos, separados por un punto a favor de Massa, hace que sea prácticamente imposible.
Alonso subió al podio en Turquía gracias al pinchazo de Hamilton, pero en Italia no puede esperar otro golpe de suerte. Deberá comenzar a ganar la carrera acertando en la elección de los neumáticos en los entrenamientos cronometrados, algo que no ocurrió en las dos citas anteriores. Hamilton no le va a poner las cosas fáciles, ni dentro ni fuera de la pista. El inglés ya declaró su inconformidad sobre lo aportado por Fernando al equipo desde su llegada, un poco más de leña al fuego en una guerra psicológica que debe manejar Alonso muy bien para no verse perjudicado.
La limitación en los motores hace que en ese aspecto no haya especificaciones diferentes, pero Massa será el único de los cuatro que utilizará el mismo que en Turquía, mientras que los otros tres aspirantes al título estrenaran mecánica, algo que puede ser determinante.
Monza es, sin duda, el circuito más rápido del campeonato. Al ser un trazado antiguo, las zonas de frenada previas a las curvas 4 y 11 están bastante bacheadas, y ni los trabajos de asfaltado han mejorado la situación.
Mucho motor
Debido a los bajos niveles de apoyo aerodinámico que se utilizan y a los bordillos de las dos primeras chicanes, el agarre mecánico y la estabilidad serán dos de las claves en las que se centrará el trabajo de puesta a punto.
Monza no es sólo potencia, ya que los coches están frenando durante un 15% de la vuelta. Es el circuito de motor por excelencia. Durante el 77% de la vuelta el piloto va con el acelerador pisado a fondo y la velocidad media alcanza los 245 km por hora, lo que implica que en Monza, más que en ningún otro trazado, los equipos necesitan contar con un motor potente.