Bettini le roba la cartera a Freire en una etapa con un final infernal

DEPORTES

04 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Freire y Bettini. Bettini y Freire. Ésas son las dos últimas combinaciones de la Vuelta a España. Ayer le tocó al grillo , que levantó los brazos en Luarca. Llevan Óscar Freire y Paolo Bettini tránsitos paralelos últimamente. Los dos llegaban a la ronda española un tanto atenazados por la sequía de triunfos. Como Freire, Bettini saltó en un día del segundo al primer puesto de etapa. Su reinado como campeón del mundo terminará pronto. Y, al igual que el cántabro, quiere volver a lucir la corona mundial en Stuttgart.

Tanto paralelismo acabó ayer en pequeña disputa. Freire entraba con el ceño fruncido en la línea de meta. El cántabro explicó después de Bettini le había cerrado la posición. El vencedor se disculpó diciendo que eran cosas de la carrera y que Óscar es su amigo.

Quizás fue una muestra más de la tensión que vivió el pelotón en los últimos kilómetros. Luarca, con sus repechos y su curva infernal a trescientos metros de la meta, no invitaba a la tranquilidad. Y por eso se siguió debatiendo sobre los finales de la Vuelta. Algunos, sobre todo en el pelotón, opinan que las llegadas retorcidas en este tipo de etapas son espectáculo para hoy y hambre para mañana. Aludían a las caídas de ilustres como Óscar Pereiro. Otros argumentan que los finales en autopista duermen al espectador.

Pero fueron el Euskaltel y el Quick Step los que hicieron sufrir a sus compañeros con su ritmo. Los vascos esperaban una genialidad de Samuel Sánchez, que corría ayer en su tierra. El Quick Step intentaba quemar rivales para beneficiar a Benatti. En esa tesitura, era normal que Petacchi frunciera el ceño y cediera territorio. Y también que el pelotón entrara atomizado en mil pedazos.

Cuando el Euskaltel pensaba en Samuel Sánchez, llegó la desgracia para Haimar Zubeldia. Zubeldia se cayó por culpa de un cono traicionero. Llegó a once minutos del ganador tocándose la clavícula, el juguete roto más habitual en los ciclistas. Pero no hay fractura y hoy tomará la salida.

Si por un azar la Vuelta acabara antes de la etapa de hoy, el Karpin habría cumplido uno de los objetivos marcados, situar a uno de sus hombres entre los diez primeros de la general. Ezequiel Mosquera ocupa la novena plaza. Su compañero Serafín Martínez probó lo dulce y amargo de la Vuelta. Se escapó para puntuar y mantener su maillot de la montaña. La fuga que compartió con Vallejo y De la Fuente le dio de nuevo protagonismo. Pero, como era previsible, la fuga fue un largo espejismo. Al final, el gallego cedió en meta más de cinco minutos y medio. Lógico después de firmar dos cabalgadas en tres días.

Pero ya está aquí la montaña de verdad. Los Lagos esperan y Luarca puede pasar factura. «Tras el tute que nos hemos metido, de los nervios sufridos y de la velocidad, a ver cómo responde el cuerpo en Los Lagos», indicó Samuel Sánchez.