La ira de Riazor cayó sobre el técnico y los jugadores, excepto Guardado, mientras el Almería recibió un gran ovación final cuando saludó desde el centro del campo
27 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Entre una gran pitada se marchó el Dépor de su propia casa. Fue una tragedia en tres actos, tantos como goles hizo el rival, que recibió una gran ovación final cuando saludó desde el centro de la cancha. Frente al Almería, el Dépor fue un equipo desértico, un páramo de fútbol.
Dos horas y media antes, nada hacía prever la debacle. Camino de Riazor, en el paseo de la Habana, hacemos un estudio in situ sobre ídolos deportivistas. Se trata de comprobar qué jugador se echa la afición a las espaldas. En diez minutos de pasarela blanquiazul leemos Bebeto, Mauro Silva, D. Tristán, Coloccini, Fran, Voro... pero, sobre todo, desfilan decenas de camisetas sin nombre. Es una afición en busca de autor, de artista. «Lo puede ser Guardado», sugieren todos los consultados.
Corre al fin el balón sobre la única zona verde de A Coruña sin rastro canino. Hay cosas que no cambian: pitos para las cositas de Sergio, que son centros con la fuerza de un disparo o pases al vacío, concepto que este futbolista confunde con el hueco. Hay cosas que cambian, como que ahora hay clase en la izquierda, donde gambetea un peso pluma que para los rivales es el rey de los pesados. Este jugador se echa el equipo a la espalda, y no tardará la afición en hacer lo propio con él. He aquí un potencial autor. Hay cosas que cambian, como que Manuel Pablo ya no es lateral diestro. Es Manolo el que peina (qué paradoja) la pelota y despista a Coloccini, que el jueves fue a ver a Alejandro Sanz y hoy domingo queda con el alma (seamos finos) al aire, porque la pelota le llega a su par, que marca.
La herida afición la toma con Sergio, de profesión desorganizador. Después con Riki, un año más en Babia. También con Rodri, lento para el talento de Crusat. Y, pasada la media hora, con casi todos. El Dépor está a a velas vir mientras el Almería juega a los rondos. Después juega a los bolos y hace el segundo. Cuando el rival se coloca 0-2 en Riazor, el deportivista optimista se retrotrae a la fecha de fundación del Súper Dépor, cuando se levantó semejante resultado al Madrid. Claro que entonces jugaban los nombres que hoy lucen en las camisetas antiguas.
El descanso es tiempo de análisis. En un ambigú de Tribuna Superior, un sesentón resume lo visto: «No tenemos laterales ni organizador». En efecto, la primera premisa para jugar al fútbol, como quiere Lotina, es tener futbolistas. Y el Dépor solo parece tener uno. Por la grada anda la actriz más simpática del mundo, Isabel Blanco, que esperaba menos asistencia: «Hay más gente de la esperada, ¿no? Será porque las mujeres están hartas de los maridos tras aguantarlos todo agosto», ríe.
Arranca el segundo acto. Como todos los de blanquiazul lo han hecho muy bien, el técnico no cambia a nadie. Al público le dura la paciencia 1 minuto y 52 segundos. Suena entonces la primera bronca. Llegarán unas cuantas más. No se libra Lotina, silbado por sus tardíos cambios y, quizá, por haber prometido justo lo contrario de lo que este Dépor ofrece.