En directo con Pereiro | El gallego se entrenó ayer con un ascenso al Iseran, el primero de los puertos que el pelotón subirá hoy en una jornada en la que afrontará también el Telegraphe y el Galibier
16 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.A eso de las once de la mañana, Óscar Pereiro se subió a su bicicleta y anunció a sus compañeros: «¡Vámonos a ver marmotas!» «¿Qué?», preguntó uno de sus colegas. «Hay muchas en el Iseran. Cuando veas un bicho de esos será porque ya andaremos por los 2.000 metros de altura», explicó Pereiro. El Caisse d'Epargne descansó ayer en el techo del Tour 2007. El equipo se entrenó con una ascensión al Iseran, un coloso de 2.770 metros de altitud con el que desayunará hoy el pelotón antes de afrontar el Telegraphe y el Galibier. «¡ Andiamo !», gritó Chente García Acosta a los demás corredores del Caisse d'Epargne, que recogían sus bicicletas junto al autobús y se abrigaban a la espera del frío de las alturas. «Sólo vamos a sudar un poco», dijo Pereiro. La expedición tomó rumbo a Val d'Isere. Por allí ya había pasado Christophe Moreau, luciendo el maillot tricolor de campeón de Francia para ser reconocido por sus compatriotas a su paso. En la subida al Iseran, Pereiro y Chente se adelantaron al grupo. Y dejaron atrás a Moreau, que se había parado a revisar la rueda delantera. Después, el gallego se fue solo. El Iseran, ayudado por el sol y el cielo despejado de ayer, ofrecía vistas de postal alpina. Pereiro no podía evitar detenerse y disfrutar. «Esto es precioso. Es increíble. Se ve todo. Hasta Italia», comentó el ciclista de Mos. Cuatrocientos metros antes de la cima, el equipo se paró. Tocaron retirada y había que abrigarse. Una señora gritó desde el arcén: «¡Es Óscar Pereiro!». El ciclista se vio rodeado por un enjambre de niños con gorras de lunares rojos. Todos a la caza de un autógrafo. Pereiro repartió firmas e inició la bajada con destreza, sorteando cicloturistas. En su camino se cruzó con corredores del Astana. Hubo intercambio de saludos antes de otro día de batalla.