REPORTAJE El milésimo gol de O Baixinho provoca pasión popular y polémica con la FIFA, que no reconoce el récord de un jugador que no piensa retirarse aún
21 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Si lo que quería Romario era condensar la esencia de su carrera en un gol, lo ha conseguido. Con su milésimo tanto, anotado el domingo con el Vasco da Gama contra el Sport Recife, en el campeonato brasileño, O Baixinho, de cuarenta y un años, logró reunir todos los ingredientes que han sublimado su trayectoria en un caldo de pasión popular, polémicas y, por supuesto, fútbol. Con la camiseta del club con el que más se identifica y en su ciudad, Rio de Janeiro, Romario alcanzó al fin lo que había buscado denodadamente en los últimos meses. Lo hizo de la manera más ceremoniosa, de penalti. Como un burócrata del gol, Romario tomó carrera, preparó el interior del pie y embocó la pena máxima mirando al portero. Corrió a la red a por el balón, lo besó y se dejó celebrar. Y a partir de ahí se desató un torrente de reacciones propias del hito y del protagonista. Para empezar, el desborde popular. En pleno partido oficial, fotógrafos, cámaras y hasta la familia se metieron en el terreno de juego, lo que obligó al árbitro a parar el partido durante casi veinte minutos. Tras el encuentro, y mientras Romario festejaba, churrasco y habano mediante, la portería donde marcó el gol mil se convertía en lugar improvisado de peregrinación, con decenas de hinchas esperando para emular el penalti y arrancando el césped del estadio Sao Januario. A la vez, la FIFA saludaba en su página web el milésimo de Romario con un envoltorio de piropos que encerraban una advertencia: los mil goles no son tal. Asegura el organismo rector del fútbol mundial que el brasileño consigna en su cuenta particular 77 dianas de partidos de categorías inferiores y otras 21 de homenajes, fiestas particulares y demás bolos, incluidos dos que conmemoraban su teórica jubilación. Aún así, la FIFA reconoce que es un día histórico para el fútbol. Romario ha conseguido al fin equipararse a Pelé, con quien siempre ha mantenido diferencias. «Pelé callado es un poeta», llegó a decir una vez. O Baixinho, que ahora por fin ya puede decir que logró mil goles como O Rei. E igual que él, el histórico lo logró de penalti. Pocos se acuerdan de otro brasileño, Artur Friedrich, que hizo más goles en los años 20 y 30 que las dos estrellas vivas. Más de veinte años Para alcanzar a Pelé, Romario ha tenido que recorrer un puñado de equipos en 23 años de carrera. De Vasco, Flamengo o Fluminese al PSV, Barcelona o Valencia y, por supuesto, la selección. Y en la última etapa, con escalas en Miami y Adelaida, en Australia. Todo por el gol mil, que debería ser la coronación a su carrera. Pero no. «Llevo desde los 28 años diciendo que voy a parar, pero es complicado». Con semejantes antecedentes, es difícil pronosticar cuándo colgará las botas el hombre que fue artilheiro con casi 40 años. Mientras, seguirá dejando perlas como la que le tiró a Ronaldo en una reciente entrevista («yo hago goles por mi técnica, no por mi fuerza») y provocando reacciones. La última, la condecoración de la Orden de Rio Branco, que impone el Gobierno brasileño para distinguir a quien brinda servicios honrosos al país. En Brasil, obviamente, marcar mil goles así lo acredita.