Un boxeador diferente que desmitificó sus mayores éxitos

La Voz P. A. L. | FERROL

DEPORTES

El púgil ferrolano peleó por el título Europeo en 1974 en París. Ya retirado, dio una visión poco romántica del deporte que lo hizo célebre. Murió el jueves y deja un amplio palmarés

20 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El boxeo gallego llora estos días a uno de sus personajes más carismáticos. José González Dopico, fallecido el pasado jueves a los 62 años tras una larga enfermedad, deja una biografía compleja y un reguero de éxitos y anécdotas. Nacido en el ferrolano barrio de Esteiro, Dopico disputó sus primeros combates en Ferrol y después se curtió en Madrid, junto a otros jóvenes boxeadores. En la capital, vivía en la calle Carmen, cerca de Sol. Pero nunca se olvidó de sus raíces. Debutó como profesional en el estadio Manuel Rivera un 17 de agosto de 1963. Dos años después se hizo con el título nacional, que saboreó en varias ocasiones, la última en 1973. Sus combates reunían a miles de espectadores, tanto en A Coruña como en Ferrol. Entre los 10 mejores Dopico fue considerado por el Consejo Mundial de Boxeo uno de los diez mejores del mundo en peso welter a principios de los sesenta. Y, tras su retirada a los 31 años, tuvo la valentía y la lucidez para describir una realidad poco romántica de su deporte a mediados del siglo XX. «Los guantes eran más pequeños y finos, te cubrían las manos con vendas y esparadrapo para que quedaran duras, como de yeso. No había cuenta de protección, ni los médicos podían parar un combate», comentaba el boxeador, que relató con crudeza las secuelas que dejaban los golpes. Tampoco restaba dramatismo al combate de su vida, cuando en noviembre de 1973 luchó por el Europeo, en París. «El boxeo sólo debería existir con amateurs y usando muchas protecciones». Aunque también sabía recordar anécdotas divertidas. En una de sus últimas entrevistas en Radio Voz, evocó una peculiar fuga del Palacio del Pardo. En 1974, durante una concentración en el complejo residencial del anterior jefe de Estado, Francisco Franco, Dopico se escapó por la noche para disfrutar de una juerga. Al volver, el dictador se encontraba despierto, mientras los miembros del equipo de seguridad, armados, buscaban por dónde había huido el púgil. Franco creía que, si el ferrolano había escapado, cualquiera podría entrar por el mismo sitio. Meses después, colgó los guantes. Retirado del deporte, trabajó como bombero y estuvo ligado al mundo de la hostelería. Hace tres años recibió un multitudinario homenaje en Narón.