Acusó su falta de pegada y una pésima actuación arbitral
25 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Su falta de pegada, el árbitro, el indulto de Capello a Cassano y el primer gol de Higuaín dejaron al Atlético sin una merecida victoria ante un paupérrimo Real Madrid, que, pese a todo, ya suma ocho años sin caer en el Manzanares. Los rojiblancos, mucho mejores, gobernaron el duelo a su antojo, pero siguen sin poder superar al vecino. Desde 1996, el año de su doblete, el Atlético no sabe lo que es estar delante del Madrid en la segunda vuelta. Ni siquiera el día en que Torres rompió su maldición ante Casillas, el Atlético cumplió su sueño. Uun empate que, en realidad, no le sirve a ninguno. El Atlético salió dispuesto a acabar con un rival agonizante y jugó con más ímpetu que nunca. Presionó muy arriba y acorraló desde el primer minuto a un Madrid en el que Capello volvió a enredarse. Tras la lesión de Van Nistelrooy, que abandonó la concentración por un problema muscular, todo el mundo pensaba que ubicaría a Raúl en su zona natural, cerca del área y junto a Higuaín. Los rojiblancos entraron por todos lados. Luccin y Maniche manejaron a su antojo la zona ancha; Jurado fue un puñal por izquierda, y eso que no es su zona, y Agüero y Torres ridiculizaron a Cannavaro, que debió irse a la ducha expulsado mucho antes. Sólo Helguera y Miguel Torres, a quien le tocaba lidiar con Galletti, mantenían el tipo. El vendaval atlético encontró premio enseguida, merced a una gran jugada que definió Fernando Torres como nunca lo había hecho ante Iker. Con el Madrid desarbolado llegó una jugada en la que Daudén y su asistente fallaron con estrépito. Una falta lateral, un penalti de Emerson al Kun, un rechace del poste y Perea, que entra desde atrás, la empuja a la red. El Calderón estalla de júbilo y al instante de indignación. No hay penalti y sí gol anulado. Casillas se lució El Atlético mantenía su superioridad, pudo incrementar la renta si Iker no desvía un tiro de Galletti tras la mejor combinación del partido, pero quizá a partir de ahí le entraron sus complejos, su victimismo histórico. Llegaron los nervios y en un par de despistes en defensa pudieron regalar ya en la primera parte el empate a los blancos. Antes, Cannavaro agarraba con descaro a Torres dentro de su área y Daudén ni se enteraba. Tampoco del pisotón que dio el Niño a Salgado. Capello apostaba por Cassano, 49 días después de decir que no volvería a contar con él, y por Diarra. Los cambios le sentaron bien. Cassano vio el enésimo desmarque de Higuaín, que se desembarazó de un blandito Ze Castro y se estrenó como goleador ante su compatriota. Con el Calderón incrédulo, los rojiblancos deprimidos y los blancos agarrados a su suerte, comenzaba otro partido. Quedaba media hora. En ese tiempo, los locales desperdiciaron ocasión tras ocasión e Iker volvió se lució. La historia se repite.