«Topo Gigio» regresa a casa

Arturo Lezcano González CORRESPONSAL | BUENOS AIRES

DEPORTES

PATRIK STOLLARZ

La estrella del Villarreal jugará cedido en Argentina

09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

«¿No queríamos un enganche? Pues conseguimos El Enganche ». Así resumió un exultante Mauricio Macri, presidente del Boca Juniors, la vuelta a casa de Juan Román Riquelme, el mismo que se le plantó delante del palco en un clásico contra River en el 2001. Allá se fue tras marcar un gol, adusto, sin más festejo que las manos detrás de las orejas para que Macri escuchara cómo lo ovacionaba la hinchada. Román dijo que era una imitación de Topo Gigio, el ratoncito animado de ojos caídos, y el gesto se convirtió en marca registrada de un futbolista exquisito al que muchos acusan de carácter difícil y de ser frío como el hielo. La vuelta momentánea de Riquelme (San Fernando, Buenos Aires, 1978) beneficia al jugador y al Villarreal por un conflicto nunca explicado abierto hace meses, y a Boca porque necesitaba un golpe de efecto en un mercado dominado por River Plate. Todos ganan: mañana, Manuel Pellegrini estará tranquilo frente al Dépor, sin Román en la grada, y éste, mientras, vivirá en Buenos Aires la primera jornada del Clausura 2007. Pellegrini no ha sido el primer entrenador con el que no se ha entendido Riquelme, cuyo fútbol y carácter no dejan indiferentes a nadie. Su debut con Boca, que pagó su pase a Argentinos Juniors, ya fue contradictorio: la alternativa se la dio Bilardo, un amante del hormigón armado que confió en la seda de un chico espigado e inexpresivo de 17 años. Enseguida lo apadrinó Bianchi, con el que ganó todo lo posible en Boca: alzó tres títulos locales, dos Libertadores y la Intercontinental del 2000, en la que engulló al Real Madrid. En el 2002 se marchó al Barcelona, donde le esperaba Van Gaal. Habituado a ejercer de conductor, el sistema de peones del holandés le cerró el camino a la titularidad en el Camp Nou, donde sólo tuvo un respiro pasajero con Antic. Y entonces lo llamó el Villarreal. Allí se formó un equipo a su medida. Y Román volvió a brillar, primero como cedido y luego como traspasado. Trató de conquistar Europa desde su liderazgo en Castellón, pero un penalti errado frente al Arsenal en las semifinales de la última Champions se lo impidió. El disgusto no le cambió el semblante, como tampoco lo hizo cuando anunció su retirada de la selección con apenas 28 años, tras el mundial de Alemania. Un adiós, por cierto, difícilmente digerible para los argentinos. Pekerman había apostado a jugar con Riquelme y diez más, y como no le salió bien, arreciaron las críticas sobre la glacial aureola del futbolista. El adiós a la albiceleste lo provocó la presión que sufría su familia, según comentó. Ahora la tendrá junto a él en Boca, el equipo de sus amores, que le pagará una ficha de dos millones de dólares por cuatro meses y medio de fútbol. De gran fútbol, eso sí, tan fantástico como el mismísimo Topo Gigio.