La federación no aceptó su renuncia y le pidió que reflexionara.
11 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Luis Aragonés escenificó ayer una dimisión que no llegó a producirse. El seleccionador español se entrevistó durante media hora con Ángel Villar y le trasladó su deseo de abandonar, pero con matizaciones, al parecer de tipo económico. El presidente de la federación rechazó la dimisión condicionada y el Sabio de Hortaleza se dio un par de días de plazo para la reflexión. No agotó el plazo, ya que a media tarde comunicó que seguía en el cargo. Fracasado en el Mundial, criticado de forma unánime por la opinión pública, sin confianza en los jugadores, enfrentado con algunos pesos pesados y con la próxima Eurocopa en peligro tras el ridículo de Belfast, parecía que Luis había llegado a la conclusión de que su ciclo había terminado. Incluso, tras la sonrojante derrota de Windsor Park animaba a la federación «a tomar las decisiones que estime oportunas». Pero al comprobar que Villar no movía ningún hilo, ha decidido actuar. El problema reside ahora en que Luis no piensa irse gratis -tiene acordados de forma verbal, aunque no firmados, dos años más de contrato por los que recibiría aproximadamente un millón de euros- y Villar no está dispuesto a destituirle ni a pagar un euro de las arcas federativas por su despido. Para seguir, Luis puso como condiciones que la federación rubrique la renovación por escrito y que cumpla su promesa de hacerle mánager general o director deportivo, con plenos poderes para decidir su equipo de trabajo y preparar el relevo. «He presentado mi dimisión, que es lo todos querían», dijo un esquivo Luis por la mañana, tras verse las caras con Villar en la Ciudad del Fútbol. «Uno presenta la dimisión porque la presenta; antes dijisteis lo que dije y ahora diréis lo que digo. Si sigo o no, depende de ciertas connotaciones», adujo en un juego de palabras. Antes de que se explicara Luis, fue Jorge Carretero, el portavoz de la junta directiva de la federación, quien dio la cara. Insistió en que «la junta tiene plena confianza en Luis y no hay motivo de alarma para aceptar que se marcha. Tiene nuestro respaldo y ahora él tiene la última palabra», apostilló. La federación dejó claro que no está abierta a negociar, pero le abrió las puertas para que dimita. «Si al final decide que se marcha, no intentaremos volver a convencerle; en ese caso, la palabra adecuada es dimisión, no destitución», insistió Carretero.