Aouate se convertiría en el decimoquinto guardameta que forma parte de la plantilla del Dépor desde el ascenso; de ellos sólo Liaño, Songo'o y Molina han triunfado
05 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Desde que Juanito Acuña se hizo fuerte en A Coruña y desechó la posibilidad de irse al Real Madrid, el Deportivo ha contado, por norma, con grandes porteros formados en casa. Otero y Buyo pueden ser dos ejemplos. Sin embargo, con el ascenso a Primera, la política en lo que al resguardo de la meta se refiere ha sido otra. Si se confirma su fichaje, Aouate se convertiría en la undécima incorporación desde que Stoja batió en dos ocasiones al Murcia en Riazor en junio del 91. A estos hay que añadir tres del Fabril que con mayor o menor protagonismo han estado con la primera plantilla y a Josu, que ya se encontraba en A Coruña. En total, catorce arqueros, de los que sólo a tres se les ha podido considerar titulares. El resto, abandonaron Riazor con más pena que gloria. Éstas son algunas de las pautas que han marcado la política del club en este aspecto. Estabilidad inicial Los primeros años del Deportivo en la máxima categoría no resultaron muy movidos. La portería iba en consonancia a las otras líneas. Liaño y Canales compartieron vestuario durante cinco años, primero con Josu y más tarde con Elduayen. Pero el único que jugó de verdad fue el cántabro. La aportación de Josu en Primera fue de 13 partidos de Liga, la de Canales 31 y la de Elduayen 3. Kouba, un suplente de lujo. Con el contrato televisivo y la Ley Bosman llegó el pasaporte para fichar en el extranjero y el Dépor se lanzó de lleno a por todo. Así, en el verano del 96 arrebató al Barcelona a Petr Kouba, el guardameta titular de la República Checa, que ganó el Europeo ese año. Su precio fue de 1,5 millones de euros que no llegó a rentabilizar dada su condición de extracomunitario. Durante las temporadas que estuvo en A Coruña sólo jugó 540 minutos de Liga repartidos en 6 encuentros. Cinco metas en una concentración. Esa misma campaña (1996-1997) fichó Jacques Songo'o, al que según llegó a reconocer Toshack ni él mismo conocía, sino que se lo recomendó un amigo francés. El franco camerunés se unió a Kouba, Liaño, Canales y el joven Dani. En total, cinco porteros. Ello provocó la marcha de Liaño al Sporting. Nuno, escondido en Riazor. A pesar de que durante el verano Toshack se encontró con cinco arqueros, el club negociaba la llegada de otro más: Nuno. El internacional olímpico no consiguió que el Vitoria de Guimaraens lo dejara marchar y ello lo llevó a protagonizar una curiosa historia. Tras disputar los Juegos de Atlanta no regresó a su país. Mientras los dirigentes lusos se preguntaban donde estaba, el joven meta se refugiaba en el hotel Riazor de A Coruña y cada mañana se ejercitaba de incógnito en la playa. Al final, hubo acuerdo entre clubes y fichó por el Deportivo. Un millón seiscientos mil euros tuvieron la culpa. Sin embargo, el esfuerzo de la entidad coruñesa no se vio recompensado, ya que el portugués sólo jugó 4 partidos de Liga como blanquiazul (273 minutos), al final acabó entrando en la operación de fichaje de Andrade. El príncipe. En el verano del 97, mientras la afición blanquiazul esperaba que Lendoiro anunciara el fichaje de Bebeto el último día de plazo, el presidente sorprendió con la incorporación de Peter Rufai, procedente del Hércules. El príncipe fue más conocido en A Coruña por sus extravagancias que por sus dotes futbolísticas, pese a ser internacional nigeriano. Lo que pocos recuerdan es que un año antes el Dépor había estado a punto de ficharlo cuando jugaba en el Farense. Así lo recogía la agencia Efe el día 7 de junio de 1996, estimando que el traspaso podría fijarse en 1,5 millones de euros. Los canteranos, ¿valen o no? En los últimos años, la cantera coruñesa ha dado dos porteros internacionales en categorías inferiores: Álex y Dani Mallo. Ambos vivieron una situación similar. El club nunca les facilitó la salida, alegando que en ellos veía al portero del futuro del club. Mientras, no paraba de fichar profesionales que los tapaban. En más de una ocasión, ambos llegaron a manifestar su incomprensión. La pregunta es obvia: ¿Si no valían, por qué se los retenía y si valían, por qué se seguían fichando porteros? La respuesta es que ambos tuvieron que hacer las maletas tras perder varios años en el banquillo. Álex recaló en el Atlético de Madrid y Mallo en el Braga. Munúa, otro sucesor. El presidente lo presentó como el recambio de Molina y Joaquín Caparrós lo descartó nada más llegar. Nunca se dijo el precio del uruguayo (se habló de algo más de un millón), del que se anunció que entraba en un convenio con Nacional del que nunca más se supo. Adiós a la selección. Kouba, Nuno, Rufai y Munúa llegaron al Deportivo con el cartel de internacionales y lo perdieron debido a sus suplencias. Tras aterrizar en A Coruña, el checo pasó del todo a la nada; el portugués vio frenada su escalada (era titular en la olímpica); el nigeriano no volvió a saber nada de sus compatriotas; y el uruguayo mantuvo durante unos meses su concurso, pero pronto cayó en el olvido de los técnicos que durante este tiempo dirigieron al equipo nacional.