Pasividad brasileña

JAVIER IRURETA

DEPORTES

02 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

PARTÍA como un claro candidato a la final de Berlín. Era el campeón de 2002 y todos los dedos lo señalaban como el principal favorito a la victoria final. Pero en el fútbol la ambición juega un papel fundamental. La disposición táctica que planteó Parreira de inicio, en la que introdujo a Juninho por Adriano para reforzar el centro del campo, ya revelaba importantes modificaciones. Para empezar, pocas veces se ha visto a Brasil preocupada por el adversario. La preocupación del seleccionador era controlar la zona ancha. No le importaba debilitar su ataque con tal de igualar el número de jugadores que Francia tenía en el centro. Pero la selección gala, guiada por Zidane, fue ganando terreno a medida que transcurrían los minutos. Y ese dominio se culminó con el gol. Además, el partido Brasil-Ghana abrió los ojos del conjunto francés. En ese encuentro, los africanos fabricaron tres o cuatro ocasiones muy claras, pero Brasil ganó con un resultado tan contundente como injusto. Ghana se mereció más. Pero a Francia le sirvió para ver los puntos débiles de su oponente y Domenech, a pesar de todas las críticas que ha recibido por dejar a Trezeguet en el banquillo, no dudó en mantener su apuesta por un centro del campo fuerte para aprovechar las carencias de la canarinha . Se pueden formular un buen número de razones para explicar su eliminación: algunos jugadores han llegado justos de fuerza y saciados de fútbol. También hay que tener en cuenta que futbolistas como Kaká y Zé Roberto han jugado fuera de su posición habitual. Y no se debe olvidar que la características del jogo bonito se basan en la técnica y en los pases al pie. Pero el fútbol también requiere desmarques y movilidad, algo que Brasil no tuvo.