Gana el pragmatismo europeo

José M. Fernández REDACCIÓN

DEPORTES

ENRIQUE MARCARIAN

El Mundial encumbra a unos cuantos porteros y a un buen número de fornidos centrales, pero con la excepción de Ribéry, apenas ha habido noticias de nuevos talentos

02 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuatro semifinalistas, un cuarteto europeo, escasez de fantasía y el triunfo del esfuerzo. Ni rastro del esperanzador arranque de Argentina o España. De tan pragmático, el fútbol parece cada vez más previsible, aunque a veces soluciones opuestas produzcan el mismo resultado, como la eliminación de España y Argentina. Porque, en el fondo, todos sabíamos que el miedo acabaría por sepultar a Pekerman o que a Luis le pasaría factura su empecinamiento en no completar la renovación. Si a Parreira le ronda por la cabeza una pizca de arrepentimiento, ésta tendrá más que ver con no haber reinventado su trivote del 94 que con la negativa a concederle los galones a Ronaldinho. Si un Mundial es la feria del fútbol, el mercado ha situado con unos cuantos cuerpos por delante a varios porteros y a un buen número de fornidos centrales. Los logros tienen más que ver con las excelencias defensivas que con las excelencias creativas: una lástima lo de Suiza, que que se fue sin encajar un gol, aunque marcó cuatro en otros tantos partidos, y elogios para una Italia que sólo ha recibido uno, y en propia meta. Es el Mundial de Ricardo, Barthez, Lehmann y Buffon; de Thuram, Gallas, Mertesacker, Carvalho y Cannavaro; de los atletas de más de 1,90 con una mejor preparación física de base . Vieira, al que un imberbe Cesc le robó la titularidad en el Arsenal y meses después los ridiculizó en la eliminatoria de Liga de Campeones, es el nuevo descubrimiento, el paradigma del fútbol práctico. Lo importante es guardar la portería propia. Con la honrosa excepción de Ribéry, Alemania apenas ha asistido a nuevas apariciones. El goleador del Mundial se llama Miroslav Klose, un esforzado rematador de 27 años en el que sólo se repara cada cuatro años. Esperábamos a Messi, pero Pekerman, más europeo que nadie, midió mal los tiempos; creíamos que Ronaldinho coronaría su temporada, pero Parreira decidió que era uno más. Incluso Portugal, siempre a medio camino, ha levantado un muro para que la generación de la nada sea más eficaz. Mucha experiencia en los banquillos y abundancia de pizarra, y resulta que el gran triunfador es el entusiasta Klinsmann, el único técnico que todavía podría confundirse con un jugador. A él se le debe que ahora, con menos talento que nunca, Alemania sea más imprevisible que nunca.