Brasil responsabiliza a Parreira y a Roberto Carlos del fracaso

La Voz X. R. C. | REDACCIÓN

DEPORTES

MAURICIO LIMA

La mitad de los aficionados dan un cero al equipo en Alemania

02 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La eliminación de Brasil no quedará impune. La torcida busca culpables a la eliminación de su selección y apunta directamente a Parreira, el entrenador, y a Roberto Carlos en medio de un suspenso generalizado en donde se salva únicamente el guardameta Dida. De hecho, en una encuesta del diario O Globo -uno de los más influyentes- el 48,1% de los aficionados dan un cero a la canarinha , a la que tachan de «burócrata y acomodada». La primera decisión apunta hacia un relevo de seleccionador, con Luxemburgo como el mejor colocado en la línea sucesoria después de que Luis Felipe Scolari haya mostrado su negativa en varias ocasiones. La desolación se ha apoderado de todo el fútbol brasileño y la lluvia de críticas no se ha detenido desde el pitido final del sábado. Ya en el estadio, los aficionados mostraron su decepción con un significativo silencio durante muchos minutos que sólo se rompió para convertirse en reproche cuando se acercaba el final y Parreira no daba entrada a Robinho. Más tarde la crítica dio paso al insulto. Porque el 51% de los brasileños responsabilizan directamente a Carlos Alberto Parreira del fracaso. Lo acusan de inmovilismo por encima de todo. De pertrecharse en el cuadrado mágico que no le ha dado ningún rédito, de apostar siempre por los mismos protagonistas con independencia del juego y del resultado y de obviar a jóvenes como Robinho y Cicinho que cuando entraron en acción le dieron otro aire a la pentacampeona. La prensa cargó en estos extremos: «Las leyendas brasileñas no justificaron su reputación». No faltaron asimismo dardos para la línea conservadora: «Faltó vergüenza. No nos merecíamos una selección cobarde», escribió el ex seleccionador Carlos Alberto Silva en su columna en el diario O Estado . Tampoco sentó nada bien su apuesta resultadista. Todo Brasil le echa en cara que la verdeamarela haya sido incapaz de jugar un sólo partido bonito en todo el campeonato. Por encima, le cuestionan sus métodos de entrenamiento -táctica, lanzamientos y remates- y que el equipo no disputó los suficientes amistosos durante la concentración previa. El madridista Roberto Carlos aparece en el segundo lugar en el cartel de culpables. «Todos los jugadores se mueven menos nuestro lateral izquierdo» escribía en su crónica O Globo . Le responsabilizan directamente del tanto de Henry «porque en vez de estar pendiente de fijar la marca se entretuvo en subir las medias». La mayoría de los diarios considera que su momento ha pasado y que para el próximo Mundial ya será historia. No es el único. Cafú, que también se ha llevado un buen puñado de críticas, es otro de los borrados para el futuro, situación que se repite con Emerson, Gilberto Silva y Juninho Pernanbucano. En realidad, la sensación que respira Brasil es que un ciclo con mucho talento ha terminado y que es hora de darle paso a los jóvenes. Incluso se cuestionan si Ronaldo, con 30 años en la actualidad, podrá aguantar cuatro temporadas más al máximo nivel para plantarse en Sudáfrica. El primer debate a resolver en el convulsionado fútbol brasileño será la sucesión en el banquillo. Parreira no quiere hablar de su futuro y se remite a una próxima reunión con Ricardo Teixeira, el hombre fuerte de la Confederación Brasileña, pero todos los diarios han comenzado a apuntar a Vanderley Luxemburgo como el entrenador del futuro. Al mismo tiempo Brasil habla de la gesta de Felipão con Portugal. Quizás sea una cuestión de envidia.