La Francia de Zidane evoca las dos últimas citas mundialistas contra los «canarinhos», de las que salió airosa.
30 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Brasil y Francia llegan a otra decisiva cita que obligatoriamente hace evocar los partidos en cuartos de final de México 86 y en la final de Francia 98. Ambos desenlaces favorecieron a los bleus y han dejado a los canarinhos , aunque ellos se empeñen en negarlo, con un mal sabor de boca, toda vez que su última victoria se produjo hace catorce años. Más de 180 millones de brasileños exigen a su selección una revancha. Pero Ronaldo, el máximo goleador en la historia de los Mundiales, apenas ha abierto la boca para decir: «Tenemos que encarar el partido como una final y olvidarnos de aquel juego [el del 1998]. Va a ser un gran partido». Brasil, que aún no ha alcanzado su mejor juego de conjunto, ni Ronaldinho, el mejor del mundo, ha demostrado de lo que es capaz en el Barcelona, construyó hasta ahora una imagen de implacable, a juzgar por los diez goles marcados en cuatro partidos. Y aunque siempre criticada, la defensa apenas encajó un tanto. La selección gala, por su parte, se había jurado mejorar a medida que avanzara el Mundial, y su actuación más convincente hasta el momento fue en octavos de final, contra España. Si hasta la jornada pasada muchos veían a Zidane camino del retiro, a Ronaldo los escépticos lo seguían viendo gordo. Hoy el panorama vuelve a ser el mejor para ambos. En la final del 12 de julio de 1998 el francés representó la gloria al marcar dos de los tres goles y conducir con maestría a una selección que llegaba desacreditada. El brasileño la tragedia, pues las convulsiones que sufrió horas antes del partido minaron su rendimiento.