Hasta su detención, el médico se había convertido en una especie de fantasma del deporte español que trabajaba de forma no oficial para astros del atletismo y del ciclismo
28 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La detención de Eufemiano Fuentes (Las Palmas, 1955) es una especie de exorcismo para el deporte español. Hasta hace unos días, el médico canario era como un fantasma, un misterioso habitante de un mundo paralelo y turbio, un innombrable. Muchos rumores y pocas evidencias. Numerosas sospechas y ninguna condena. Fuentes, para el gran público, se hizo tangible la semana pasada, cuando durmió en una celda por su presunta implicación en una trama de dopaje. Fue como la confirmación de una leyenda negra. Aunque él se declara inocente. El médico canario forma parte del entorno más oscuro del ciclismo, ése que ha sido acusado tantas veces de usar a los profesionales, de disfrutar del máximo lucro sin sufrir el mínimo castigo. Antes de la semana pasada, las caras culpables habían sido casi exclusivamente los corredores. Un positivo, una víctima. Pero las reglas de juego parecen haber cambiado con la caída del mayor símbolo de la sospecha. Según las investigaciones, Fuentes cobraba honorarios millonarios por sus tratamientos. El galeno siempre ha estado acostumbrado a un alto nivel de vida. Nació en el seno de una acaudalada familia canaria que dispone de dinero y tragedias casi a partes iguales. Su tío, Eufemiano Fuentes Díaz, fue un empresario que amasó una fortuna gracias al tabaco y que contribuyó a la fundación del Las Palmas. Fuentes Díaz fue secuestrado y asesinado en 1976. Eufemiano Fuentes Martínez, primo del doctor, se proclamó campeón mundial de socorrismo en 1974. Años después, fue condenado por haber matado a una prostituta. Las historias de los Eufemiano Fuentes comienzan bien, pero se van torciendo. El Fuentes médico estudió medicina en la Universidad de Navarra, donde firmó un expediente intachable, jalonado de sobresalientes y matrículas de honor. Sus notas más bajas fueron dos aprobados y dos notables. Se especializó en ginecología. Pero el galeno, que fue campeón universitario de los 400 metros vallas, eligió el camino del deporte, de maximizar el rendimiento físico. Y, a principios de los ochenta, se metió de lleno en el atletismo. Fue médico de la Federación Española de Atletismo en la Residencia Blume. A su mujer, Cristina Pérez, que todavía posee el récord español en los 400 metros vallas, se le detectaron anfetaminas en un control, pero el test fue anulado por irregular. Otra atleta vinculada a Fuentes, Estefanía Godoy, también dio positivo. José María Odriozola no aceptó los métodos del canario. Asociado al éxito Pero, al mismo tiempo que comenzaban las sospechas, se ponía en marcha una carrera fulgurante asociada de forma soterrada a muchos éxitos del deporte español. Llegó al ciclismo en 1984, al Orbea de Pedro Delgado. Después pasó por el Once, el Seguros Amaya y el Kelme. Como médico de equipo, sólo es posible relacionarle con dos positivos: el de De la Cruz en el Orbea y otro de Óscar Sevilla en el Kelme por cafeína. Tuvo que declarar por el caso Manzano, pero sin más. Su gran éxito fue trabajar para deportistas de forma no oficial. Frío, inteligente y triunfador, se convirtió en un mito oscuro. Achacó sus éxitos a la «capacidad semiológica para solucionar los problemas» y a sus innovaciones. Presumía de ir por delante de sus colegas, de usar productos que se vendían en la farmacia y de haber ganado todos los juicios contra aquellos que censuraban su trabajo. También se dedicó al fútbol. Estuvo en el Elche y en el Las Palmas. Llegó a este último equipo a finales del 2000 para recuperar a los jugadores después de grandes esfuerzos. Según la prensa local, el médico ofreció sus vitaminas a los futbolistas y uno de ellos le preguntó con retranca si la sustancia que le ofrecía serviría como crecepelo. Tras la respuesta negativa de Fuentes, el jugador se negó a tomarla. El episodio más turbio de su etapa en el equipo e produjo en la temporada 2001-2002. Tras un Rayo-Las Palmas, un empleado del club madrileño aseguró que había jeringuillas en el vestuario. El año pasado anunció que se retiraba para estudiar el cáncer de retinoblastoma y poder ayudar así a un familiar enfermo. Hasta rechazó una oferta del Barça. Pero la sombra de Fuentes seguía ahí.