COMO LA MASA de aficionados no modifica su comportamiento, a Eto'o no le quedará más remedio que moderarse si no quiere tener más problemas con el público. El incidente que alcanzó notoriedad en la Romareda, en donde el árbitro estuvo en un tris de suspender el partido, me temo que vuelva a repetirse en la próxima temporada. Naturalmente que la culpa no es de Eto'o, víctima de los incalificables insultos que le lanzan esos energúmenos que nunca faltan mezclados con la masa de asistentes a los campos. Pero este penoso comportamiento no parece tener remedio a corto plazo. La solución para que Eto'o pueda moverse con normalidad por los campos de fútbol está de su parte, modificando su comportamiento y no como hizo el sábado en San Mamés, en donde se le vio decidido a enfrentarse con los energúmenos que le gritaban improperios. Al camerunés no resultó fácil convencerle (hubo que sujetarle) para que se fuera a los vestuarios. Esta reacción de Eto'o no es tampoco producto de su fama, pues hace años ya protagonizó un enfrentamiento con el público de Riazor, presumiendo de haberse negado a venir al Deportivo, después de una cesión que había sido acordada con el Madrid y rechazada por el jugador.