Silva, con polémica, y Perera marcaron los dos tantos celestes
29 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Pasión en la grada, tensión sobre el césped. Poco fútbol y el mundo al revés. El Celta abrió el derbi a balón parado -algo que no es una novedad en el conjunto coruñés, pero sí en el vigués- y lo cerró a la contra a cinco minutos del final, cuando jugaba con un hombre más y Perera aprovechó un magistral pase de Borja Oubiña. El cuadro vigués se asienta en posiciones europeas y sueña aún con la Liga de Campeones. El coruñés prácticamente dice adiós a sus opciones de la UEFA. Un derbi en paz. Lleno, dos mil visitantes, palco repleto y una tarde soleada. ¿Qué más se puede pedir? Fútbol. Pues fue lo único que escaseó. Se impuso el pragmatismo en un choque muy físico en que la zaga celeste superó al ataque coruñés. Riazor esperaba un Celta dispuesto a llevar el peso del partido y se encontró con un visitante especulativo. Un choque táctico, tan aburrido en los futbolístico como intenso en la grada, del que el equipo de Fernando Vázquez, más práctico, sacó petróleo. Un ejercicio de pragmatismo desconocido en el técnico gallego. El resultado, el primer triunfo del Celta en terreno coruñés después de doce años. Un remate de Fernando Baiano se topó con la mano con la mano de Silva y se introdujo mansamente en la portería de Molina. Suficiente para dejar tocado a un Dépor que buscó su suerte en cada saque de esquina y en cada falta, pero que fue incapaz de generar peligro sobre la meta de Pinto. El inicio había sido prometedor. En apenas seis minutos una ocasión para cada equipo. En la primera, Víctor exhibió su habitual habilidad en las faltas laterales; el balón se fue al palo. La contestación, un remate de Lequi y una clara ocasión que Canobbio pifió en el remate. Decepcionó el juego de un Celta en el que sus peloteros (Canobbio, Silva y Jorge) apenas intervinieron. Fernando Baiano, en la primera parte, y una zaga expeditiva se bastaron para doblegar el habitual espíritu de lucha del cuadro coruñés, que dominó mientras le duró la gasolina. El Dépor sí quiso el partido desde el primer minuto, pero no supo que hacer con los metros que le concedió su rival. No creó excesivo peligro. Al margen del disparo de Víctor, un par de disparos lejanos de Duscher y otro de Sergio, apenas generó nada ofensivamente. Todo quedó más claro cuando Silva introdujo el balón en la portería coruñesa. El Celta ha ganado todos los partidos en o los que se ha adelantado, y ayer no fue diferente. El gol fue un mazazo para el grupo de Caparrós. Quizá había acumulado más méritos, pero a partir de ahí el choque fue más fácil para los visitantes, que, antes del cuarto de hora de la reanudación, cerraron definitivamente el choque. Vázquez, ausente por expulsión, atrincheró a su equipo con tres centrales y otros tantos pivotes. Ahí se diluyó el Dépor, el Celta impuso su solidez.